Los que quieren leer lo que se me ocurre escribir

jueves, 18 de octubre de 2012

NOTA ACLARATORIA!!!!!



A ver, que es que sois unos suspicaces que, la verdad, no sé ni para que os cuento nada.
A fin y efecto de darle la máxima vigencia y actualidad a lo que estos días os vengo contando hasta que nos pongamos al día, he procedido a hacer un “grandioso, enorme, portentoso” esfuerzo e intentado revivir el pasado, pero como si fuera presente, y la verdad con lo a gusto y tranquila poniendo que había pasado de todo y malo, me hubiera quedado tan ancha. Pero una, que sin querer os ha cogido apego, pues ha querido explicároslo bien, como pasó, al máximo detalle, día a día, y claaaaaaaaaaaaaaro, los sabihondos de turno han tenido que quejarse.
Que si era imposible que me acordara de todo… que no podía ser que tuviera presente hasta el más pequeño detalle… en fin…. ¡quejitas! eso es lo que son “algunos”,
Pues no me calentéis que tal y como van las cosas por este lugar en medio de la nada, la señora de la “Gran Panza Ambulante”, los tres “nuevos labradores de la historia de los tiempos modernos”
(juas, juas, juas) los tremendos alaridos que suelta por todo y por nada la abuela Rufina, y las inesperadas, fuera de lugar, alocadas, chafarderas e inagotables intromisiones de Aurorita, las visitas de D. Guillermo y la no pedida pero siempre dada asistencia espiritual de D. Julián, no tengo yo el cuerpo para que me vengáis con muchas tonterías. Así que “cuidadín” que a las primeras de cambio os avío un resumen general y ya os apañaréis.
Bueno, hoy ha tocado visita médica de señora de la “Gran Panza Ambulante”, moverla es toda una hazaña. Hacerla entrar y salir de mi coche, no es tan malo, porque costar cuesta, pero mi medio kilo lo pierdo en cada operación la de “·encochar” y “desencochar”
y estoy cansada, así, que una vez AVISADOS TODOS, mañana seguiremos con el fiel relato de lo acontecido en este último mes y medio.
Qué siiiiiiiiiiiiiiiiiii abuela que ya voooooooooooooooooyyyyyyyyyyyyy.
Es que hasta para que te den algo para cenar hay que contestar a  gritos. Suerte tienen de mí que soy una bendita de dios que si les llega a tocar en suerte una de ésas que sólo piensan en ellas….SIIIIIIIIIIIIIIIIII, VOOOOOOOOOOOOYYYYYYYYYYY…

miércoles, 17 de octubre de 2012

HERIDASDE GUERRA !!!!!!!!!!!!!


Bueno, bueno y bueeeeeeeno… Lo que llegó a soltar por aquella  boca llena de dientes postizos la abuela, ni en los mejores tiempos de la dictadura ningún político de la época  se hubiera atrevido a decir.
Sacó unas hojas, como por arte de magia, que ya me gustaría a mi ver que hacía Einstein con ellas, si un helicóptero o una manzana glaseada.
Ella argumentó que estaba muy claro, que sus ¿dibujos, rayas, flechas, garabatos – letras – sabe bios? estaban clarísimos, pero claro como éramos una familia de zopencos, tontos e inútiles, y ella ya se había imaginado que no entenderíamos nada, pues había hecho listas individuales para cada uno de nosotros, con “nuestras tareas diarias”
¡Qué cara tenía la vieja! ¡Trabajos forzados eran aquello! Sólo os diré que teníamos marcado el horario hasta para ir al WC!!!!!!!
Miré la mía por encima y cuando se me pasó el mareo, dije que ¡nanay! que en cuanto abrieran la piscina del pueblo, una servidora iba a espatarrarse al sol y hasta que no tuviera la piel como un zulú no pensaba hacer otra cosa que nadar, comer y dormir.
Dios!!!!!!!!!!! Aún me duele ahora la colleja que me atizó. No la ví venir, estaba intentando recoger todas las miguitas de una bolsa de cheetos, y me dio tan fuerte que di con la nariz contra la mesa, provocándome una “HEMORRAGIA NASAL”
Naturalmente, ante aquella sangría y viéndome en peligro de muerte, empecé a saltar, gritando y poniendo la impoluta cocina como un auténtico matadero.
Enloquecí algo, la sangre siempre me ha dado mucho respeto. Empezamos una carrera idiota alrededor de la mesa de la cocina, y digo idiota, porque si en vez de seguirme, se hubieran interpuesto en mi camino, seguro que, entre los cuatro, me hubieran frenado (y luego la abuela dice que la única que piensa es ella).
Frené en seco, ante la aparición en la puerta de la cocina de la mujer de la panza ambulante, que con ojos llenos de lágrimas, unas ojeras que daban ripio, tendía sus brazos hacia mí, diciendo:
- Hija, hija querida (un mosqueo llevaba yo con lo de tanta hija y tanto querida). Dime, dime qué te han hecho, quién ha sido…quién?.
Los que me seguían arremetieron contra mi espalda y no tumbamos a la señora de puro milagro, porque hice acopia de toda mi fuerza, en el fondo no quería hacerle daño, ni que le pasara nada, hacía el puchero muchísimo más bueno que la abuela!
Al detenerme incliné la cabeza y me vi todo el camisón manchado de sangre, eso ya me provocó un ligero vahído, pero cuando volví a levantar la cabeza y vi toda la que estaba esparcida por la cocina, perdí los papeles y el conocimiento.
No sé cuanto tiempo pasó, pero un olor asqueroso me hizo dar un respingo y lo que vi al abrir los ojos, hizo que creyera firmemente que me había muerto y que, contra todo pronóstico, estaba en el infierno.
Un ser extraño que olía raro y que tenía como trozos de enchufes en la cabeza se empeñaba en hacerme oler, ni quiero saber el qué , que tenía en un frasco sujeto por unas larguísimas y cuvrvadas  uñas de color granate oscuro, lo que me confirmó que era la Sra. Demonio. Luego supe que era Aurorita la vecina.
Poco a poco se hizo la luz en mí, pero junto con ella, llegaron los dolores, el peor, el de la colleja de la abuela, el otro, el otro era como una pequeña molestia en el costado derecho a la altura de las costillas.
Mi mente, que, a veces es muy rápida, enseguida vio el filón, y sin pensarlo dos veces empecé a aullar que me había roto una costilla.
Luego me supo mal, la señora embarazada se desmayó. Pobre, blanca como la cera. Me asustó y todo. Así que para que no me riñeran decidí desmayarme yo también. Otra vez.
Pero claro, como ya estaba en el sofá, me limité a soltar un suspiro, cerrar los ojos y dejé caer la cabeza como si no pudiera con ella, pero hacia el lado de los cojines. Desmayada y herida puede, pero tonta no.
No sé lo que pasó de vista, porque claro, si abría los ojos se descubría el pastel, pero se oían muchas veces, entre ellas, la de mi abuela que gritaba:
. A la Violeta Davinia (nunca lo sabréis) que no la toque nadie que voy a reanimarlo yo ahora mismo de un sopapo.
Ante tal eventualidad, mi desmayo se hizo tan profundo, que mi hermano Wifredo (el parao) que por eso era el más listo, vivía sin trabajar, tuvo que fingir una repentina tos para tapar mis ronquidos. Sí señores, me dormí. Como un tronco. Le debo una ronda de birras de un sábado que libremos, porque el muchacho se portó.
No dejó que nadie se acercara a mí, que cuidaran de mi madre, que él se ocupaba de mí, Ni un pelo de tonto tiene.
Me agitó suavemente cuando entró D. Guillermo el médico del pueblo, que, COMO ES NATURAL, primero atendió a la gestante.
Dijo que su estado era bueno y…. no escuché más. Luego vino hacia mí,
Señor! Que hombre! Era como una bola de billar, redondo, lo miraras por el lado que fuera, por arriba y por abajo, todo él una bolita. Sus dedos eran salchichitas gorditas.
Me preguntó que si había tenido un aborto????????????????? Aquí me lancé a su cuello con las dos manos y a punto estuvo él animal de no contarlo. Mis dos hermanos se pusieron uno a cada lado de él, haciendo como un caminito, pero para protegerle.
Claro al ver toda la sangre, que no me debía quedar ni gota en el cuerpo, en el camisón, mi madre, ¡¡¡¡con su edad!!!! y en aquel estado pues él pensó…
Aclarados los puntos oscuros por parte de la abuela, que sólo me miró una vez, pero que mirada, me congeló la poca sangre que me quedaba en el cuerpo.
Le dije lo de la colleja a propósito, a ver si la denunciaba o algo, pero no, dijo que eran chiquilladas. ¿¿¿¿chiquilladas???? Si casi me separa la cabeza del tronco!!!!!!!!!!!!!!!! y también el tremendo dolor en el lado.
Lo cierto es que sí que cada vez me dolía más. Empezó, según él a reconocerme, a meterme mano, según yo, y al final, ¡oye! que me cayó bien el abuelote,dijo, con esa bendita sabiduría pueblerina, que al caerme seguro que me había dado contra algo.
Ya iba yo a negarlo, cuando el hijo de mi abuela, el Rufino dijo que sí, que me di contra la punta de la mesa.
Pues ¡ale! ya está, Ni radiografías ni rayo que mal te parte, fisura en las costillas y entonces dijo la cosa más dulce que se puede oir en labios de un hombre:
- 15 DIAS DE REPOSO ABSOLUTO, LIGERO VENDAJE Y QUE NO HAGA NINGUN ESFUERZO.
Se me saltaron las lágrimas de los ojos de la alegría, quería besarle y todo, pero Wifredo, me paró, dijo que no diera pistas raras.
Pues nada, aquí estamos, la señora embarazada en un sofá y yo en otro.
No sé como la familia lo aguanta, no por mí, que sólo pido lo que necesito pero la señora es una quejica!!!!!!!!!!!! Todo el día que si trae… que si dame… momento que aprovecho yo para decir… al mismo tiempo podrías…
Ja!!!!!!!!!!!!!!! Como una reina llevo una semana así. Escribo de madrugada, están todos tan agotados     que no se enteran y a la señora embarazada le he puesto unos hilos colgando del techo, por si al ver la luz, como tampoco duerme, le da por venir a verme, para que piense que son arañas y no siga adelante.
En fin amigos, que me queda otra semana de buena vida. Se ve que limpiar la cocina de sangre fue una lucha draconiana, Jujujujujujuuuuuuuu…! Shssssss. .. (oigo pasos… hasta mañana…)

martes, 16 de octubre de 2012

AQUÍ ME TENEIS…CUMPLIENDO MI PROMESA.



Hola chicos!!! Aquí estoy de nuevo, fiel a lo que os prometí, voy a intentar poneros al corriente de la vid…, no del kaos, en el que estamos inmersos toda la familia, que ya respira por sí misma, como el/la (no he querido saber el sexo) lo hace a través de un cordón que va unido al ombligo de la portadora. Ufffff!!! sólo pensarlo me da escalofríos…
Después de mi larga siesta, si, he dicho siesta. Me dormí al terminar de comer y a eso, de toda la vida, se le ha llamado siesta. Cuando conseguí reunir fuerzas suficientes salí de mi habitación.
Fue como si las hadas hubieran pasado por la casa. Todo estaba en perfecto orden. Cada cosa en su sitio, limpia y reluciente. Un orden que daba miedo. Asombrada me dirigí hacia donde mi estómago me guiaba, es decir, la cocina y allí… allí era otro mundo.
Mis hermanos, Wifredo, el listo, el que no había dado palo al agua en su vida, y Edgard, el que sí había hecho ver que trabajaba, pero por lo que ganaba nadie se lo acababa de creer., Rufino,. el padre de ellos y mío también, pero al que, y desde que me enteré de lo que hacía con Eudosia, su mujer y mi madre, en la cama cuando “todos” creíamos que dormían, decidí llamar por su nombre y apear el papá, estaban sentados en la mesa de la cocina, por cierto más maja estaba. Claro todo era nuevo. Tenían unas ojeras, barbas y en conjunto unas caras de estar hechos polvo que tiraba para atrás.
En silencio, me senté con ellos, y así como al disimule, alargué las manos hacia un plato lleno de magdalenas, cogí una…  y justo cuando iba a hincarle el diente, uno de mis hermanos, el listo, no pudo aguantar y se le escapó una risilla.
Llamadme suspicaz, pero me mosqueó. Los miré de uno en uno y los tres evitaron mi mirada.
Pensé que era normal en una familia de locos y sin mirarles de nuevo tenía ya media magdalena en la boca, cuando un espantoso alarido me puso los pelos de punta y paralizó mis glándulas salivares.
Realmente asustada me giré para ver a una mujer panzuda, despeinada, con ojos de loca, una especie de camisón que le apretaba el abdomen, haciendo más visible su prominente panza, que se abalanzó hacia mí al grito de:
- No, hija querida, no lo hagas. Te quiero demasiado.
El asombro me dejó muda, cosa muy, muy rara. Tragué saliva, me enfrenté al miedo y con un gesto altivo (que mis hermanos dicen parecía de gata despellejada) contesté:
- ¿Por qué? Es que ahora vamos a probar de si somos capaces de sobrevivir sin comer, para salir más baratos y tener más dinero para… eso que llevas ahí dentro…
La mujer estalló en unos sollozos, unos sollozos que hacían temblar las paredes de la casa.
Decididamente pensé, jamás tendré hijos, mira en lo que se ha convertido la mujer más fuerte de la tierra. A mí, eso, no me iba a pasar JAMAS!!!!
Como siempre la que aclaró las cosas fue la abuela, que apareció detrás de la lloriqueante embarazada, eso sí, dando órdenes y mandándola a su habitación y me explicó el asunto.
Resulta que como la “señora de avanzado estado de gestación” cuatro meses y 11 días, lo sé porque los tachaba en un calendario, que también había sido trasladado de la cocina de la ciudad a la del pueblo, el día anterior se lo pasó tumbada en el sofá, sin dormir ni nada, como yo, que lo mío era puro cansancio, lo de ella a saber lo que era, esa mañana, en un ataque de remordimiento, ayudado por no poder dormir de noche, había decidido hacernos el desayuno a todos a lo grande y bonito
Grande sí que era el plato de magdalenas, bonito, pues la verdad, las magdalenas son magdalenas, ni feas ni bonitas, se comen y punto.
Pero, siempre hay un pero, como estaba algo (¿algo?) ida últimamente, en vez de azúcar les había puesto sal. Consiguiendo con ello que los tres hombres sentados a la mesa, me di cuenta entonces, estuvieran tomando manzanilla, en vaso grande, de la vomitona de la que fueron víctimas al meterse una magdalena entera en la boca y engullirla sin apenas masticar.
Bueno, todos creyeron en esa versión de la confusión, pero yo no.
A mí, ya no me engañaba. Ya sabía desde hacía tiempo que buscaba la fórmula de deshacerse de nosotros, poco a poco, sibilinamente, para vivir feliz con su … su… bebé cuando naciera hacia finales de noviembre.
La ira, (el hambre me cegó), cuando tengo hambre pierdo totalmente los papeles, capaz me veo de matar y todo, hizo que me levantara decidida a seguirla para vengarme.
La abuela fue más rápida, y no sé como, porque mira que tenía el pelo corto, después de mis aventuras con los chiclés, me agarró por ellos y a fuerza de dolor puro y duro me hizo sentar de nuevo.
Mi mirada feroz la puso sobre aviso y se parapetó detrás de su hijo, Rufino. Desde allí y lo suficientemente lejos de mi airado malestar me aleccionó de lo que iba a ser mi vida a partir de aquel mismo instante.
Fue terrible, doloroso, humillante, repulsivo a veces, pero con el tiempo vi, compungida como se convertía en la más absoluta realidad.
Madre del amor hermoso! Aquí escribiendo se me ha ido el santo al cielo, tengo que dejaros…. pero mañana más. Os contaré como día a día, semana tras semana, mes seguido de otro mes mi vida se ha convertido en un sinvivir que me está matando. Vooooooyyyyy…!!!! Arrrrrrgggggggggsssssssss…!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

lunes, 15 de octubre de 2012

EL TRASLADO!!!


Hoooolaaaa…! ¿Queda alguien por ahí?... Sí…! Qué majos que sois…snurrrfsss…. churrrssssffffissshhh…! Ay!!!.
Lo sé, lo sé, dejaros como lo he hecho no merece ni que me miréis a la cara, pero es que sinceramente, no he tenido alma ni para moverme.
A ver si me acuerdo… Ah! Ya… ya lo tengo, os dejé después de que la abuela Rufina pusiera el Ejército del Zar a trabajar (más que remeros en galeras) y todos, es decir… mi padre, su mujer, (lo siento desde que va deambulando con esa panza no me sale llamarla de otra manera) la abuela Rufina, mi hermano el que trabajaba (poco y menos ganaba) el otro (el parao) y una servidora (Violeta Davinia  y nunca lo sabréis) caminito del pueblo, cargados como burros, pero burros de los de antes, de los que llevaban el botijo colgando, pues de esos.
La llegada al pueblo fue sonada, y digo sonada, porque todo lo que habíamos conseguido comprimir en la furgoneta que mi padre alquiló, tan pronto abrimos las puertas traseras, salio desparramándose por el asfalto y haciendo un ruido similar al que hacían las bombas en la guerra civil (eso fue lo que dijo Aurorita la vecina de la casa de enfrente) cuando salió, escoba en ristre dispuesta a enfrentarse a todos los demonios, que eran muchos, que cada día la acosaban.
Curiosa Aurorita. Me fascina. Ya no cumpliría los 70, no. Hacía tiempo que los había superado y seguían llamándola así: “Aurorita” me llegan a poner ese nombre y llamarme así y me deshijo fijo.
Vale, vale, es que me voy… pero, entendedme coñe! que es mucho lo que he pasado, como para que ahora pueda contarlo todo así de golpe.
Debo aclarar que nuestra llegada al pueblo se produjo a las 5 de la madrugada. Hora en la que aún no había cargado la escopeta ni el aguacil, el Bartolo, muy buena persona, pero bruto, hasta decir basta. Decía que era la Autoridad y que por eso llevaba un arma.
Eso sí, los cartuchos estaban vacíos, es decir sin pólvora. No preguntéis. Forma parte de esa especie de leyenda pueblerina que  todos mantienen como en secreto, pero que nadie sabe por que existe.
El día, bueno la madrugada de la llegada hasta la puesta del sol transcurrió en un loco ir y venir de la furgoneta a la casa, de la casa a la furgoneta, agacharse, recoger, tirar, romper, reñir, llorar… un lío tan gordo que yo me perdí.
Sí, me perdí en los escasos cinco metros que separaban la furgoneta de la entrada a la casa, en un momento dado, algun resorte de mi mente se estropeó y me perdí.
Me encontró mi hermano (el parao) dando vueltas sobre mí propio eje, ya de forma algo elíptica, me empezaba a marear, babeando, llorando y pidiendo a gritos que me trajeran a mi Panxo.
Panxo fue y será siempre el amor más grande de mi vida. Un peluche que no se sabía muy bien a que animal representaba. Una mezcla entre koala, oso panda, canguro y burro precioso. Me dormía mordiéndole las orejas, por lo que al final su cara empezaba justo a la altura de la nariz. Noches enteras sin dormir les costó a mis padres su muerte. Muerte atroz en la lavadora. Centrifugándolo sin parar, yo lo quería seco, no mojado.
Bueno… que me vuelvo a ir… pero bueno tampoco es tan malo, porque tengo tanto, pero tanto que contaros, que porque, hoy, en el primer día de nuestro reencuentro os hable de mí tampoco pasa nada.
Ya me conocéis, no suelo ser de esas personas que sólo les importa su vida y a los demás que les den! Ni de lejos soy yo así.
Bueno, igual, algo sí. Pero yo lo llamo sinceridad.
Pues eso, mi hermano (el parao), me paró me llevó dentro de la casa y me sentó en una silla en la cocina.
Acertó a pasar por allí la “señora embarazada” y al verme, parece ser que tenía la cara de color limón, tuvo la delicadeza de preocuparse, a buenas horas, por mí y me preguntó que cuánto hacía que no comía.
Yo no recuerdo nada más, pero cuentan, aunque ya sabéis que en mi familia son unos exagerados, que los ojos empezaron a girar en sus órbitas y una babilla me colgaba de la boca y que, al parecer, intenté morder el brazo de mi hermano al tiempo que gritaba: “Pan, quiero pan y agua”, hasta los esclavos romanos tenían derecho a eso.
Se ve que con tanto jaleo, ni me enteré de que todos, absolutamente todos habían desayunado, comido y merendado y ni cuenta se dieron cuenta de que yo no estaba allí.
Tal era el trance profundo en el que me habían sumido las circunstancias que mi olfato, muy hábil en esas cuestiones, no percibió los efluvios emanados de los alimentos que, sin vergüenza alguna, “ellos” se habían tragado.
La verdad es que no hay mal que por bien no venga. Me trataron como a una reina, bebida, (coca-cola) y comida, mucha y buena, croquetas de la abuela, chorizo, lo agarré con una mano y a mordisco limpio no lo solté hasta que sólo quedó el colgajo con la etiqueta, y demás cosas que me habían estado prohibidas durante meses.
Claro, después de tal comilona, me dormí allí mismo, encima de la mesa.
Entre los tres hombres de la familia me llevaron a mi cama y allí permanecí durante 24 horas seguidas sin despertarme ni para hacer pis, según cuentan, me levantaba dormida, iba al WC, pasaba por la cocina cogía lo primero que me parecía comestible, así fue como me comí un melocotón de cera, y volvía a la cama.
Cuando al fin desperté, todo estaba ya en su sitio y a excepción de las suspicaces miradas que me lanzaban, no hubo ningun otro signo de que pensaran que todo había estado premeditado.
¡Desde luego ni de la familia puedes fiarte!, lo que son capaces de imaginar. Pensar mal de mí.
En fin, ya situados, hasta mi ropa estaba colgada en el armario, se ve que “en sueños” vociferé que hicieran el favor de colgar bien mi camisa preferida, pero fue eso… “en sueños”… por hoy os dejo, con la firme y esta vez real promesa de que mañana más, y al otro, y al otro… porque es un empezar para no acabar… Ya veréis ya… la realidad supera la ficción del más loco e imaginativo
cerebro conocido.
Nos vemos… ¡eh! no vayáis a dejarme plantada. Mañana más.

jueves, 9 de agosto de 2012

Y... EL CIELO CAYO SOBRE NUESTRAS CABEZAS!!!



No, no me he muerto, pero os aseguro que no soy ni la sombra de lo que un día fui.
Lo sé, desde el mes de mayo que no os digo nada, pero podéis creerme si os digo que no lo he hecho, porque eran TANTO, TANTISIMO TANTO, lo que me estaba pasando que no podía asimilarlo, así que ya me diréis cómo narices iba a poder explicarlo.
Si no recuerdo mal, la cosa la dejé con el anuncio de embarazo de mi madre (que el cielo me confunda), pero estas cosas, los padres no deberían hacerlas, al menos no, después de ciertas edades de los hijos.
Sí, lo sé, suena egoísta, pero ya me gustaría a mi veros en mi pellejo, 26 añitos y cuando me preguntan… y … ¿qué tienes novio? les contesto. “No, pero voy a ser hermana de lo que venga. Un papelón!!!.
A ver si pongo un poco de orden en este lío. Voy a situarme y a situaros.
Nos quedamos con un palmo de narices, la mesa llena de porquería la abuela Rufina dando órdenes y mis padres saliendo abrazaditos del comedor con cara de idiotas después de que mi padre llevo a efecto su demoníaca confirmación del embarazo.
Los nervios me hicieron dormirme enseguida. ¿Qué? Soy así. Para no pensar me duermo y listos.
Al día siguiente, bueno a la madrugada siguiente, porque fue antes de las 7 de la mañana. Oí un estruendo horroroso procedente de la cocina, como si los armarios se hubieran caido o algo peeor.
Me levanté, con más miedo que otra cosa, y abrí la puerta de la habitación. Las de mis hermanos también estaban entreabiertas y sus ojos expectantes me miraron, ¡Hombres!.
En un rapto de valentía salí y les ordené que me siguieran. Con paso firme y la retaguardia cerrando filas detrás de mí, me dirigí a la cocina.
Peeeeeeero, ¡cómo no! antes llegó la abuela, y en medio de sus alaridos se oían como un sordo golpeteo y algo parecido a una voz humana que intentaba hablar.
Las filas de mi espalda se cerraron más. Es decir, se engancharon a mi, como crema en culo de puchero, y formando un pequeño ejercito de tres, apretados, trotamos hacia la cocina.
Al entrar, al entrar nos quedamos sin habla. En primer plano estaba la abuela dándole golpes a algo o a alguien echado en el suelo, con la barra de pan del día anterior, eh!!! poca broma, que y,  mal comparándola, yo prefería que me diera con la escoba que con el pan.
El suelo estaba todo, absolutamente todo lleno de cazos, ollas, sartenes, cubiertos de un extraño polvo de color terracotta, y en el aire había un tufillo a quemado, mezclado con el humo, que salía de un… de un no sé qué… que estaba sobre el fuego.
Mi hermano, el parado, el otro mucho trabajar, mucho trabajar, pero es un “cagaete” de armas tomar, cogió la barra de pan (de tonto no tiene un pelo) y todos sabemos lo que mi abuela puede hacer con cualquier cosa que sea que utilice como arma defensiva, y después enganchó a la abuela por la cintura y la levantó en el aire.
Algo que no sé cómo explicaros fue verla agitando piernas y brazos como una maestra del Kun-Fú, no sé que daba más miedo, si verla en aquel estado o oirla chillar, entender no se la entendía, pero oir sí.
Mi hermano, el que trabaja y yo, armados, el con un cazo y yo con una sartén nos dirigimos al doliente malhechor que estaba como moribundo en el suelo, al acercarnos y soplarle un poco en la cara que tenía cubierta de aquél extraño polvo, descubrimos, aturdidos y asombrados, que era mi padre.
De pronto un sonido hiriente, cortante, agudo, estremecedor nos heló la sangre en las venas a los cuatro, a la pataleante abuela, a mi hermano, el parado, a mi hermano, el que trabaja y a mí.
No sé de donde sacamos el valor para mirar a ver que pasaba a nuestras espaldas (yo tenía una teoría muy fundamentada, que no me dejaron exponer y que no era otra que el castigo divino por los fornicadores padres que nos habían tocado en suerte), pero no, era mi madre, con un camisón que en la vida habíamos visto, toda… toda… (me da vergüenza) sexy, parecía envuelta entre velos y espuma, aullando como una gata en celo.
Hasta la abuela Rufina se quedó quieta. Nosotros depusimos las armas y estupefactos escuchamos lo que mi madre nos aullaba.
- “No, no lo matéis, vándalos, que es vuestro padre, y usted Rufina
    que es su yerno”.
Ni tiempo nos dio a decirle que ya lo habíamos visto cuando empezó a vomitar como una descosida.
Lo que nos faltaba, por dios, ¡qué asco! y anda que la señora no se explayó ni nada.
Total, calmada la abuela, levantado mi padre del suelo y vuelto en su ser, depuestas las armas, confiscada la barra de pan, y una vez la abuela recogió lo que de la boca de mi madre había salido (en la vida había visto cosa igual) ah!!!, y la señora después de obsequiarnos con lo que contenía su estómago, echándose a llorar dijo que se iba a estirar que no podía más.
¡Ella no podía más! ¡Estábamos todos locos! No daba crédito.
No sé cómo, pero todo empezó a tener sentido. Mi “mami” había tenido un antojo nos explicaba mi padre después de una noche… (aquí se puso rojo como una fresa reventota) y no dijo nada más.
No os imagináis lo que me costó alejar de mi mente “ciertas imágenes que se adueñaron de ella”.
Ella le había pedido chocolate deshecho y. claro él, todo detalles, se ofreció a hacérselo.
Aquí, hay que reconocerlo, al César lo que es del César, mi hermano el parado, el otro no vale para casi nada, bueno para trabajar, no aguantó más y a grito pelado, le ordenó, sí, sí, le ordenó que apagara el fuego antes de que aún pasaran cosas peores.
Lo miré asombrada, peor que lo qué nos estaba pasando, como el cielo no cayera sobre nuestras cabezas, no veía yo…
Parecía que la cosa se serenaba cuando cayó la bomba atómica. La abuela, que hasta parecía que había crecido y todo, me pareció más alta, lanzó el Decreto Ley a seguir a partir de aquel momento:
- Mira (dijo hablándole a mi padre) yo en estas condiciones no me     
   me veo capaz de llevar la familia adelante. Así que como Violeta
   Davinia (nunca lo sabréis), el parado y tú no tenéis trabajo, a tu
   mujer la han despedido, y el único que trabaja para lo que hace y
   lo que gana, da igual si trabaja o no, nos iremos todos a vivir a la
   casa nueva en el pueblo. Que allí yo me apaño mejor para todo. Y
   no me protestes, que la culpa es tuya por haber hecho lo que has
   hecho con esa pobre mujer.
Atónitos nos giramos hacia mi padre, que pálido cual muerto, se limitó a asentir preguntando:
- ¿Cuándo quiere usted que nos mudemos?.
                                                                          (continuará)



sábado, 26 de mayo de 2012

ES CIERTO LA REALIDAD, SUPERA TODO LO IMAGINABLE..!!!




Ea! ya estoy aquí otra vez, hecha un asco pero estoy que es lo que importa. Ni por donde empezar sé, han sido tantas las cosas que han pasado que ni la abuela Rufina es capaz de asimilarlas, y lo que ella no asimile, ya os digo yo que no hay posibilidad de que nadie lo haga. Para algo ha pasado una guerra, como ella dice, y ha visto desfilar desde el plumón con tinta china a los modernos “chismes” como ella llama a todo aparato que tenga algo que ver con tecnología y de los que tanto nos sobran a veces.
La cosa empezó con mi despido, luego, bueno lo que pasó luego es difícil de explicar, lo intentaré pero es posible que necesite más de un mes, y con todo y con ello no sé yo si vais a poder entenderlo.
Sólo os diré que hace, unos diez días, más o menos, que toda la familia nos hemos trasladado a vivir al pueblo. Sí, sí, habéis leído bien. Toda la familia está ahora viviendo en el pueblo, con un lio tremendo, también es verdad, pero aquí estamos.
Como nota de reafirmación a lo antedicho sólo añadir que la que peor lo lleva no soy yo, ni de lejos. Por más vueltas que le deis jamás adivinarías quién es. Va os lo digo, pues ni más ni menos que la abuela. Sí la abuela, ella que nació y vivió en él. Ella que sacó adelante a sus hijos con nada y menos, pues lo lleva fatal.
Lo cierto es que a la pobre no le faltan motivos. Todo empezó una semana después de perder mi empleo. Una noche llegó mi padre a casa con una alegría que le salía por todos los poros del cuerpo y una sonrisa de estas ocultando algo que no engañaba a nadie, pero como se le veía tan feliz, pues nos hicimos los locos, pensando…”ya explotará ya…” Y la verdad es que sí, explotó, vaya si explotó, explotó tanto y tan fuerte que nos salpicó a todos.
A media cena con una sonrisa de oreja a oreja y cuando ya parecía más calmado por haber llenado en parte su estómago, paseó su mirada por todos nosotros en plan “capo mafioso”, se limpió la boca con la servilleta, y habló:
- Familia… tengo algo muy importante que comunicaros.
Ninguno intentamos fingir que nos cogía de sorpresa, así que sin más dilaciones el señor prosiguió:
- Hoy ha sido mi último día de trabajo!!! (en ese momento soltó una carcajada que nos heló la sangre en las venas a todos) sí a la abuela también.
Se oía hasta el zumbido de las moscas del verano pasado. Nos entró a todos una timidez inusitada. Nadie levantó la vista del plato. Para ser más exactos, en mi caso, porque si lo hacía todos verían que estaba llorando y no era plan. (En el fondo de mi alma yo estaba convencida de que todo era por mi culpa, pensaba que lo habían despedido porque como yo tenía esos accesos de “cosas” pues en la empresa seguramente se habían hartado)
Como siempre, mamá fue la más serena y con una voz algo silbante pero salvajamente tranquila preguntó:
- ¿Sí y.. eso? Cariño.
La mirada triunfal de mi padre nos tenía sobrecogidos de miedo puro y duro, no entendíamos nada.
Al final la abuela histérica (la abuela Rufina, algo jamás visto) le apremió:
- Por el amor de dios hombre, dinos que ha pasado de una p…. vez (lo dijo, palabra que lo dijo).
El hombre que, todo hay que decirlo, parecía más satisfecho que un cachorrillo lactante, sonrió, todavía más, echó hacia atrás la silla, se levantó  y soltó.
- Me he jubilado!
Mi padre tiene 58 años, pero nadie se atrevió a recordárselo. Pero la edad de la jubilación hasta yo, que me parecía que era viejísimo, sabía que no era ésa.
Mi madre, esta vez perdida ya su aparente compostura, balbuceó algo que nadie entendió, pero todos la miramos, animándola a que prosiguiera. Ninguno teníamos ni idea de lo que debíamos decir.
Se ve que los muchos años reconvivencia habían conseguido que entre mis padres existieran unos misteriosos códigos cifrados que conseguían que se entendieran sin que los demás nos enteráramos de nada. Eso fue lo que hizo que mi padrecontinuara:
- Pues sí, la empresa no va nada bien, y como el Gerente y yo somos grandes amigos, hoy me ha propuesto que si quería jubilarme me daban el 75% del sueldo y una indemnización (llevaba 30 años trabajando en el mismo sitio) bastante buena. Ahora sí que entendimos a mamá:
- ¿Cuánto de buena? pero esta vez su voz era un hilillo.
- Bueno no está mal. No me puedo quejar.
Atónitos presenciamos como mamá se levantaba de golpe, tirando la silla y se colgaba del cuello de papá. Primero pensamos que era para abrazarle, pero luego, al ver que se ponía morado, comprendimos que no, que lo que hacía era intentar ahogarlo.
Yo era la que estaba más cerca, pero no reaccionaba, sólo pude pensar, “Así que lo mío es genético”. Fue mi hermano, el parao, el que acudió y a duras penas pudo separar las garras en las que se habían convertido las manos de mi madre del cuello de papá.
En un salto la abuela ya estaba al lado de mi madre, dándole unos bofetones que cosa igual no había visto en la vida, chillando como una posesa.
- Cálmate, loca, cálmate que lo vas a matar y eso nos faltaba ahora.
No sé si fue ver a la abuela pegando a mamá o lo que dijo, el caso es que el alboroto se calmó. Mi padre, amoratado, se sentó y bebió el agua que yo, o mi mano, porque yo no soy consciente de haberle dado orden alguna, le tendía.
Calmada la tormenta, nos volvimos a sentar todos y sólo la abuela habló:
- Hijos, no soy yo la que debiera decirlo, pero visto como están las cosas, no me queda otro remedio. Vuestra madre y tu mujer está embarazada.
¡Mira! No sé cómo no nos morimos todos en aquel mismo instante. Evidentemente nadie la creyó, hasta que mi padre acercándose a mamá, con algo de miedo la verdad sea dicha, le tocó una teta!!!!!!!!!! allí delante de todos, y luego la otra!!!!!!!!!! yo ya no pensaba ni nada. Jamás en la vida se me había ocurrido que mi padre le podía tocar las tetas a “MI” madre.
Se volvió hacia nosotros blanco como la cera y dijo:
- Es cierto.
Nunca entenderé de qué extraño método se sirvió el hombre para afirmar tal despropósito ni por qué todos le creímos.
Empezó a reír a carcajadas, pero no las suyas, no las de otro señor desconocido y le corrían lágrimas como velones por las mejillas. Abrazó a mi madre y se la llevó al dormitorio.
En el comedor quedamos la abuela mis dos hermanos y yo, y por muy insólito que os parezca  la única que habló fue la abuela para decir:
- Bueno, pues como supongo que nadie querrá postres, esto se queda así y mañana que lo recoja Violeta Davinia (jamás lo sabréis). Todo el mundo a dormir.Mis hermanos y yo nos miramos y obedecimos en silencio.
Eso pasó el 10 de mayo, y lo que sigue es largo o sea que tan pronto pueda os lo cuento, palabra.


viernes, 4 de mayo de 2012

HOLA, HE VUELTO DE NUEVO, OTRA VEZ !!!



No hay otra explicación a mi ausencia que la cruda realidad. Para empezar os diré que conseguimos hacer unos días de vacaciones para Semana Santa y dejar todo aquel enredo debidamente ordenado y a punto para poner al día nada más acabar las vacaciones.
La cosa fue bien durante toda la semana siguiente, es decir, por primera vez en mi vida, me emoborraché de poder, me negué a buscar una sustituta a Nica, y propuse que iría repartiendo el trabajo entre las secretarias de los Jefes de Departamento. (Sabía de primera mano que no daban palo al agua). El hombrecito lo encontró acertado, de hecho le parecía bien todo lo que yo le proponía, cosa que no es que me mosqueara, porque una cosa es la falsa modestia, y otra la realidad, como trabajadora y Secretaria de Dirección sé del todo cierto que soy eficientísima, pero de eso a poder hacer lo que me saliera del sobaquillo (que es lo que hacía) empezaba a mosquearme.
Una tía abuela, a la que jamás conocí, había nacido en Galicia, y la abuela siempre decía que tenía algo de “meiga” (bruja), y que yo había salido piripintada a ella. Bueno, pues se ve que en aquéllos días mi lado de “meiga” se activaba cada día a más velocidad.
Cuando ya empezaba a dejar de lado todas mis objeciones y a relajarme, cayó la bomba. La empresa cerraba. Se estaba efectuando un ERE y todos nos íbamos al carajo, perdón, a la calle, sin indemnización, de momento, ya llegaría en su día, uno, dos, tres, cuatro años… ve tú a saber.
A ver hablando en plata, que del sueldo de Secretaria de Dirección no llegué a cobrar ni el primer mes. Cuando me dieron la noticia, al principio no reaccioné. Al rato, cuando lo hice, tuvieron que llamar a los del Servicio Técnico, dos en concreto, para reducirme y evitar que cometiera un asesinato. Lo sé, soy muy pasional, pero no lo pude remediar. Empecé a verlo todo rojo, luego negro, otra vez rojo… y tomé la decisión de que debía matar al hombrecito.
Lloré todo el trayecto desde el despacho a casa, lloré durante toda la cena, lloré toda la noche, y me desperté llorando al día siguiente, cuando el médico (al que mi madre había llamado), me hizo volver a la realidad. Se ve que había estado llorando sin explicar nada y claro la familia, con muy buen tino, temía una deshidratación, por lo que llamaron al galeno.
Me puso una inyección de no sé qué que me hizo dormir 24 horas seguidas.  Cuando desperté, estuve otro día entero que iba y  venía, es decir a  ratos lúcida y a ratos zombi. Mi madre, y esta vez ya temiendo por su propio puesto de trabajo, llamó directamente a mi ex empresa y allí la informaron.
Dado que era muy reciente todavía el episodio depresivo en el que me había sumido tras la pérdida de Tessma (con dos eses) todos temieron lo peor, por lo que volvieron a enviarme al pueblo con la abuela.
Pero no, no me deprimí, entonces, ahora sí. Estoy que no me aguanto ni yo.
Arreglé todos los papeles del paro, etc., y me quedé esperando,,, no sé el qué pero yo esperaba algo. Ese algo aún no se ha producido. Bueno lo gracioso del caso, es que cobro más del paro que trabajando, hablo del sueldo anterior a mi “ascenso”
Vale pues ahora que ya lo sabéis, ya me quedo más tranquila, porque seguro que habíais pensado que ya no volvería a asomar la cabeza. Pues no, aquí estoy, no sé muy bien ni por ni para qué, pero estoy,
Sólo una cosa más, no acabo de entender porque no me dejan salir sola a la calle, si lo único que quiero es acercarme a casa del Hombrecito a … intercambiar “puntos de vista”… a mi manera… eso sí. (Tampoco me dejan salir llevando una bolsa muy chula de gimnasio que me compré para guardar los guantes de boxeo que “tuve el capricho de regalarme” y un puño americano que me consiguió el chico del kiosco  que todos dicen que es algo “chungo” pero yo lo veo de lo más normal. El sólo tiene algunas cosas para defenderse, porque y creedme la gente es muy mala y rara también.
Hasta pronto… por cierto… ¿sabías que con el puño americano se puede romper la puerta de un armario de los buenos? Yo tampoco lo sabía. Ahora sí, y mi padre también.