Los que quieren leer lo que se me ocurre escribir

lunes, 18 de febrero de 2013

ESTOY TAN AVERGONZADA... TANTO... TANTO ... QUE...


ESTOY TAN AVERGONZADA…TANTO…TANTO… QUE….

Lo sé, lo sé, no tengo perdón, prometí escribir a diario y no lo he hecho. Aunque la verdad es que tratándose de mi, tampoco debería extrañaros tanto. Soy algo inconstante, me disperso fácilmente, y si una no se acuerda de algo, tampoco debe declársele culpable sin más, además… (perdón, perdón… ya me estoy disculpando, es que no puedo evitarlo) Yo me tomé muy en serio la única frase histórica que conseguí aprender: “Contra un ataque lo mejor es empezar defendiéndose” (vale, vale, me la arreglé un poco)
Lo cierto es que, claro en tanto tiempo, han pasado tantas cosas que no he tenido tiempo ni para pensar en que debía escribir. Puede pareceros no creíble pero es el único motivo. A ver cómo lo arreglo, porque ha pasado de todo…
Si no recuerdo mal, lo último que os expliqué es que la abuela se había emperrado en cebar un gorrino y hacer matanza casera. Que el pobre inocente ya estaba en casa y que mi cabeza volvió a sufrir un tremendo descalabro.
Así que de momento sigo con el gorrino “Puerquito” para mí y las gentes de bondadoso corazón.
Mis hermanos y mi padre hicieron lo que pudieron para construir un habitáculo para el animalito, que, yo no vi, hasta pasados unos días, pero dejaba bastante que desear.
Debido al cansancio y a la medicación, el médico del pueblo, el señor regordete simpático, decidió que darme algo para los nervios tampoco iba a serme tan perjudicial. dormí hasta bien entrada la madrugada el sueño más reparador que se pueda imaginar y la verdad me cabreó bastante el despertarme con una gana de hacer “pis” tan grande que tenía que levantarme.
Acostumbrada, casi, a la casa, con los ojos cerrados entre en el cuarto de baño grande, tenía bañera, y la tapa del W.C. estaba acolchadita y suave.
Dediqué mi atención a lo que urgía, con un brazo apoyado en las rodillas y sujetándome la cara con la palma de la mano.
Estaba quedándome casi dormida, cuando ruiditos procedentes de no sabía donde, algo así como un… gñick, gñick… me hizo abrir los ojos como platos. No soy miedosa, lo mío es precaución, pero aguanté la respiración – así oigo mejor – y presté atención.
No podía definir de donde salía el ruidito, pero cada ver era más cercano.
Acabada mi urgencia, procedí a las medidas higiénicas de rigor y a la inspección  del cuarto de baño. Al fin después de poner “orejilla fina” en todos sitios, deduje que el sonido procedía de la bañera.
Hay momentos en mi vida que ni yo misma alcanzo a comprender en los que me nace una valentía que no tengo ni idea de donde sale,
Salió ese valor y en un arranque, abrí la mampara de la bañera. Tal cosa no hiciera en la vida. Dentro de ella de un tamaño casi increíble, había un sonrosado animalito que hacía gñick… gñick…
Ignorante del todo de que bicho se trataba, aparte de que olía algo mal, pero mofeta no era, porque en Bambi era negra y blanca y aquello era  rosado, creí que por fin mi padre se había decidido a comprarme un mastín del Pirineo, recién nacido de ahí su carencia de pelo.
Me falto tiempo para engancharlo para abrazarlo y acariciarlo. Ya me pareció que tenía la boca rara pero… lo acerqué a mi mejilla y… y… me mordió en una oreja!!!!!!!!! emitiendo un largo chillido yo y él su alfeñique gñick…gñick…
Lo solté sin miramientos sin dejar de chillar.. Bueno el resto es fácil de imaginar tanto chillido mío hizo subir el volumen del gñick… de.. de… aquello.
El resto es fácil de imaginar, bueno igual no, porque la que menos podía correr fue la que llegó antes, mamá claro, luego la abuela y detrás los valientes caballeros de la casa.
Se ve que … la cosa… había hecho que mi oreja sangrara, cosa que llevó a mi madre a emitir unos ruidos de lo más semejante a una ambulancia que he oído jamás. La abuela que iba detrás de ella, medio dormida, por puro instinto e imitándola, empezó a aullar también.
Los caballeros agolpados, sin entrar, en la puerta, por no ser menos, imitaron a las damas. Y el pobre animal estrellado en el suelo, sacando toda su potencia de voz, se animó a “gñickear” más fuerte.
Yo temblaba de pies a cabeza, la oreja me dolía cada vez más y al ver en el espejo que la sangre llegaba a mi pijama, gracias a mamá que entre su panza y sus brazos me sujetó fuertemente contra el lavabo, no di con mis huesos en el suelo.
Pasaron horas, según yo, segundos según todos los demás. Entre
ellos la vecina, como no, que para mí que dormía en la otra cama de la habitación de la abuela, se tenían unos secretos que no me gustaban nada. Las dos mantenían la absurda postura de que el pueblo nunca, pero nunca, se habían cerrado las puertas de las casas con llave, y sus casas no iban a ser las primeras.
Absurdo. Quedarse así de desprotegido, podía entrar cualquier cosa, desde un ladrón a un animal furioso. Porque a aquellas alturas ya tenía claro que aquello un mastín del Pirineo no era.
Allí estaba yo a punto de morir desangrada porque un bicho feroz había entrado en casa… Aunque me intrigaba como podía haber cerrado la mampara…
De repente y sin previo aviso, siempre le entraba hipo antes, mamá se echó a llorar. Mucho caso no le hicimos, la verdad, nos tenía tan acostumbrados últimamente a sus cambios de humor…
Cuando pudo hablar, le dijo a mi padre:
- Mira Rufi, esto no puede, ser, ni lo de vivir en el pueblo ni lo de este pobre gorrino.
Ahí sí, ahí sí que estallé:
- GORRINO, eso es un GORRINO!!!!!!, embusteros, mentirosos, eso no puede ser un gorrino, si no le cabe ni media docena de chorizos, como va a serlo, ni tiene jamones, ni butifarras, ni nada, seguro que es un animal venenoso y no queréis decírmelo para que no me de cuenta y me muera sin enterarme.
En medio de tanto alboroto, vi una cara verde oliva con una especie de toalla envuelta a la cabeza, y lo comprendí todo. Era el efecto del veneno, pues como era un alucinación la enganché por el cuello y me líe a tortazos… que si no me la quitan no lo cuentan, era la vecina….
Reaccionando de nuevo,  me encaré a la familia, y les exigí explicaciones.
Con voz, que me irritó un montón, mi abuela me dijo:
- Es el gorrinico que han ido a buscar tu padre y tus hermanos pero como son unos manazas no han acabado el corralito, y fue el mejor sitio que se nos ocurrió para que pasara la noche.
La mujer seguía insistiendo en que “aquello” era un gorrino. Le pregunté:
- Pero abuela por dios, de donde va a sacar usted jamones y chorizos de eso? (No había visto un cerdo en toda mi vida)
- Porque ahora hay que engordarlo y hacerlo crecer, para en diciembre matarlo y hacer los chorizos y todo …
No la dejé acabar,
-ASESINA!!! Cómo es usted capaz de criar a un animal para luego matarlo. A “Puerquito” no lo toca nadie, antes me matáis a mi (mentira descarada).
Se lió otra buena tanda de gritos y despropósitos. De la calle entraba una luz como si fuera de día. Todos los vecinos estaban mirando por las ventanas, y a lo descarado, con todas las luces encendidas.
Otra vez, sin previo aviso, mi madre, no, no se echó a llorar, pero gritando más y mejor que nadie, sentenció:
- BASTA!!!!!!!!!!!! Se acabó. el gorrino, la matanza, la estancia en el
pueblo y todos estos lios. Sentándose en el suelo y esta vez ya llorando, siguió:
-No puedo más. Quiero irme a casa, a “mi” casa en la ciudad. Quiero que la hija que ya tengo no se vuelva más loca de lo que ya está (intenté protestar pero el agudo dedo de la dedo de la abuela en mi costillar me silenció de dolor); quiero que la hija que va a nacer lo haga en un Hospital cerca de casa, sin tener que ensayar cada dos ó tres días el tiempo que tardaríamos en llegar a Toledo, No quiero ver una matanza. No tengo por qué. Nunca he visto ninguna y no veo la necesidad reempezar ahora. Rufina si usted se quiere quedar, es su vida, haga lo que quiera, pero yo en
Navidad quiero estar en mi casa, con mis cosas, con las cosas de la niña compradas con amor y tiempo entre Violeta Davinia (nunca lo sabréis) y yo, sin prisas, con todas las comodidades del mundo y… QUE ESTOY DEL PUEBLO HASTA LAS NARICES, nadie es feliz, todos discutimos y o se viene alguien conmigo o me voy sola.
Me faltó tiempo para abalanzarme sobre ella y decirle que yo siempre estaría de su lado.
Se giró hacia mi con una sonrisa que se le congelo al tiempo que grutaba:
- RAPIDO, HAY QUE LLEVAR A LA NIÑA AL HOSPITAL, A QUE LE CUREN LA HERIDA Y LA VACUNEN CONTRA EL TETANO, QUE LE TOCA ESTE AÑO, NO VAYA A COGER UNA
INFECCION… (se me fue la luz de los ojos)
Lo último que recuerdo es estar comiendo una piruleta acostada
en la cama de mamá, mientras ella me miraba sonriente…

                                                            continuará…

martes, 23 de octubre de 2012

ABUELA RUFINA “AD GRADI” GORRINO ANTÓN


Después de mucho pensarlo, y dado que lo más importante, la aceptación por mi parte de mi “hermanita” y de que quedara clarito que mi “mama”, siempre será mi “mama”. He llegado a la conclusión de que igual ganábamos tiempo (dinero no), si sólo os explicaba las cosas más relevantes que sucedieron hasta llegar a estas fechas en las que, dicha sea la verdad, andamos todos de un nervioso, que ni ayudar a la abuela a enfilar agujas podemos,
Basta que mamá diga; “Ah” para que mi hermano Wifredo salga corriendo hacia el coche, Edgar, salga detrás de él con las llaves en la mano, mi padre, (aún no hemos descubierto el por que) empiece a dar vueltas como un desesperado alrededor de la mesa, la abuela saque el rosario (de lo que sea que haya entre su bata y su espalda) empezando a rezar a todos los santos. mi madre se parta de risa y yo (tampoco nadie sabe por que) me parta también, pero de llanto.
Pues eso, a lo que iba. Correrían las medianías del mes de agosto, un día de calor asfixiante fuera de casa, ( a ver, seamos realistas Consuegra está en Toledo y Toledo está…) pues eso, dentro teníamos aire acondicionado hasta en el baño. Un día a mamá le dio un mareo al ducharse, (casi se cae), y al día siguiente mi padre trajo al desconcertado señor que instaló el aire para que pusiera un aparato en los dos cuartos de baño. Nadie puso objeción alguna.
Por donde iba, es que empiezo, me lío, me pierdo, y … vosotros no sois de gran ayuda la verdad….Ah si!
Pues eso, estábamos comiendo tan fresquitos cuando la abuela soltó:
- Rufinico, hijo (desde que estábamos en él pueblo, ella había hecho un cambio para lo raro que nos tenía a todos en vilo) Se acerca el mes de septiembre, así que ya va siendo hora, de que tú y esos haraganes que tienes por hijos, os pongáis manos a la obra y empecéis a hacer el “corralillo”.
Estupefactos, todos, hasta mi madre, y eso que ella después de tantos años ya no se asombraba con nada de lo que dijera la abuela, la verdad es que en vez de suegra y nuera, parecían madre e hija.
Se querían mucho y se entendían perfectamente. Mamá ya no tenía madre y desde que le faltó se apoyó mucho en la abuela, que la verdad, la trataba mejor que a su propio hijo.
Mi padre, tragándose sin masticar, el trozo de pescado que se acababa de meter en la boca, farfulló, algo así:
- ¿Quéhhhrnnnn dice usted madre?
Ella lo miró, mira, lo miró de una manera que si llega a mirarme a mí así, en el sitio me quedo.
-. Rufinico, hijo (véis estaba rara, rara) que pareces tonto! Cual va a ser? El de la matanza. El que tenéis que ir a recoger a Ca el
Tio Ambrosio, que le ha criao la gorrina, y ya está destetando a los gorrinicos. Ya está pagado y todo. Así que daos prisa y acabar de comer que hay que hacer el corrallillo en la parte de atrás, para poder traerlo y cebarlo yo a mi manera, que a saber lo que les dará él.
Ahora, pero ahora, sé que debería haber callado, pero no pude y pregunté:
- Abuela ¿Para que quiere cebar un gorrinico?
Aquí sí, aquí la mirada fue tan fulminante, que me pude colorada hasta por debajo de la ropa, y creo que hasta mengüé unos centímetros y todo.
- Serás tonta. “Paengodalo” así lo dijo todo junto.
Yo, que a veces a torpe no me gana nadie, seguí
- Ya, pero ¿para qué?
Otra vez, pero peor, si con ésta no me quedaba claro, por éstas, que ya no preguntaba más.
- Pues pa que esté bien gordo y hermoso pa la matanza.
No cayó ningun rayo ni se abrió la tierra y nos tragó pero para el caso, hubiera sido igual. A todos se nos quedó grabada una sola palabra “MATANZA”
Mi madre, que desde su embarazo era la única que podía decir todo lo que le daba la gana, sin que la abuela ni tan siquiera se mosquease, con la voz más dulce que pudo, le dijo:
- Madre, perdone, pero igual usted piensa que ya nos lo había contado, y no ha sido así, y nos ha cogido a todos por sorpresa.
Explíquenos poco a poco todo ese lío del “corralillo”, la matanza ….
La abuela Rufina, “”””S O N R I E N D O””””, le cogió la mano y le dijo.
- Pues igual tienes razón hija. Mira aquí en el pueblo se sigue haciendo la matanza. No, como antes, que matábamos nosotros mismos al cerdo  (suspiro generalizado), ahora viene el matarife (aguante de la respiración) y el veterinario, lo matan y analizan a ver si está bueno para comer y ale, a aviar las carnes del gorrino.
Aquí yo ya solté el aire, me estaba ahogando, el pescado daba vueltas en mi estómago como la lavadora cuando centrifuga la ropa. La cabeza no la notaba yo muy fina.
Mi madre me miró de reojo lanzó una mirada a mi hermano favorito que enseguida se acercó a mí por si me iba.
Pero no, no me fui, aquélla vez me tocó la versión completa.
- Y yo,  - siguió la abuela – he pensao que nos iba a venir muy bien tener buena carne y buenos embutidos para cuando amamantes a la cría.,
Aquella extraña mezcla de gorrino, corralillo, amamantar gorrinos, y amamantar a mi hermana fue superior a mí. Me levanté y amenazando a la abuela con la cuchara, fue lo primero que tenía a mano, le dije:
- A mi hermana no le das chorizo ni la mezclas con los gorrinos ni la vas a meter en ningun corralillo. ¿Está claro?
Dadas las incongruencias que solté seguidas, se ve que se asustaron todos algo, pero es que me hervía la cabeza… Entendedlo, yo no había visto un gorrino vivo en mi vida y la idea de tener uno en la parte de atrás de la casa, y de…. todo lo demás que dijo la abuela se me armó un barullo en las entendederas que me hizo perder el tino.
Me miró como si la extraña fuera yo, YO, no ella.
Soltó un:
- Sabrás tú (como los de antes)
Ignorándome, se volvió a mi padres y sus dos vástagos, metiéndoles prisa para que acabaran de comer y empezaran a trabajar y, a mí me dijo, a mí ¿eh? A MI…
- Violeta Davinia (nunca lo sabréis) aligera que tú te vienes conmigo a buscar el gorrinico, mientras tu madre descansa…
Entonces, sí…, entonces perdí el mundo, la abuela, ,mi padre, mis hermanos, mi mama y su panza, de vista y caí redonda al suelo.
De aquel día solo recuerdo muchos golpes, unos horribles chillidos, un vocerío de la abuela constante,y un terrible dolor de cabeza y una cosa muy rara. La voz de mi madre diciendo:
- Rufi, cariño (mi padre), tenemos que pensar en cambiar de sitio
la mesa de la cocina y la mesa también, porque con la punta casi se deja las costillas y hoy con el mármol… mira que brecha, siete puntos le han puesto a la pobre…!
La pobre era yo… volví a irme….
. 

domingo, 21 de octubre de 2012

LO QUE IBA A VENIR ERA… UNA NIÑA!!!!!!!!!!


Todo iba a las mil maravillas, hasta que me percaté que, aunque uno no quiera, el tiempo pasa igual. Cosa que me sentó fatal, máxime si se tiene en cuenta que la que me lo recordó fue, Aurorita, que, respecto a esa regordeta señora ya no sé si es que es la visita perpetúa, o directamente, ya vive con nosotros. Siempre está en casa.
Me lo soltó por la mañana temprano. Porque otra de las bondades de la señora, era ésa, la de a las 9 en punto presentarse en nuestra casa, ella decía que para ayudar, (para controlar mantenía yo), toda emperifollada, peinada, vestida, y con la cara profusamente decorada, ella lo llamaba maquillaje.
Total que aquel día, miércoles era, me sumí en la más profunda de las depresiones desde bien temprano.
Reposando en mi sofá, en ángulo recto, respecto al que ocupaba mi madre, oía sus suaves ronquidos, prueba de que además de una “panza ambulante” se había convertido en una auténtica marmota, dormía casi más que yo y eso es mucho dormir aquí y en cualquier otro país civilizado.
Me giré un poco para verla mejor. Realmente era una señora “mayor” muy guapa. Tenía las cejas perfectas, unos preciosos ojos de color Carmelo, la piel clara, y una sonrisa, por favor, años llevaba yo durmiéndome con el recuerdo de aquella sonrisa.
Me enterneció. Si, ¿qué queréis? En el fondo era mi madre y el cariño y la complicidad que habíamos tenido había sido mucha.
Al mismo tiempo que los recuerdos se amontonaban en mi memoria, las lágrimas empezaban a salir de mis ojos.
Sólo recordar lo que había llegado a hacer por mí en el transcurso del último año había motivos más que suficientes para hacerle un estatua.
Sentí como un calorcillo interno y algo se me empezó a ablandar por dentro. Me di la vuelta completamente para quedar de cara a ella y verla mejor.
No, realmente, no es que fuera guapa, pero para mí la verdad es que había sido la mejor madre del mundo.
Recuerdo el día que salimos de compras. Hasta lo del accidente nos lo pasamos francamente bien.
La verdad, es que si, por mi parte, le ponía algo de voluntad, normalmente siempre me lo pasaba bien con ella.
Era la única que sin verme, sólo con oír mi respiración al otro lado del teléfono ya sabía si me pasaba algo o no. Siempre encontraba las palabras justas para ayudarme y, lo más difícil, a veces, casi sin decirlas.
Ya abandonada por completo al sentimentalismo, pensé que en cuanto despertara se lo diría, y también que la perdonaba por “esas cosas que hacía con mi padre y su resultado”. Bien mirado, al fin y al cabo era su marido, mejor que “lo que iba a venir” fuera de su marido y no de otro, pensé.
En estas estaba cuando, de golpe, y dándome un susto de muerte, dicho sea de paso (en aquella familia la tranquilidad era algo desconocido, inusual y muy, muy raro), mi madre saltó literalmente en el aire, toda ella, estirada, en plano, así, PUMBA! para arriba, al mismo tiempo que emitía un, no sé como definirlo, pero que sonaba más o menos así: WWWWWWWWWWWWIIIIIIIIIIIIIIJJJJJJJJJJJJAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
y dando un salto en el aire como los gatos, cayó, panza abajo, dándose tremendo golpe contra el suelo del salón.
Entre el grito, el golpe y mis aullidos pidiendo auxilio, en un momento había más gente en el salón que en el Metro en hora punta.
Yo estaba sentada en el sofá, había intentado correr a salvar a mamá, pero un tremendo dolor en el costado me impidió moverme.
Todos nos llevamos un susto de muerte. D. Guillermo llegó enseguida, era increíble lo rápido que podía ser aquel hombre tan gordito.
La atendió la ausculto, mamá estaba despierta, asustada, temblorosa y decía que le dolía la tripa. Así que el médico llamó a
una ambulancia para que la llevaran al Hospital a Toledo.
Mi padre, que la verdad, razón tenía la abuela, cuando lo mandó corriendo a ducharse, iba lleno de tierra de arriba abajo. Estaba “trabajando” en el huerto, pero tal y como lo veía yo, poca producción íbamos a tener si toda la tierra se la echaba él por encima, lloraba como un niño pequeño. Aquello me impresionó.
Fue el día más largo de mi vida. Pasaron horas y horas sin que nadie llamara, bueno, yo no dejé de llamar a mi padre cada 5 minutos, aunque él cerró el móvil.
Mis hermanos, el que antes ya trabajaba y el que no, que tampoco
se limitaba a echarse algo de tierra encima y a mirar lo que hacían los otros dirigidos por la abuela.
Al final, ya oscurecido, aparecieron por la puerta mis padres, seguidos de muy cerca por la abuela, ella, la muy…. había estado en contacto permanente con su hijo, mi padre, desde su móvil, porque sí mi abuela tenía un snartphone!!!!!!!!!!!!!!!
Venían con cara de cansancio, pero sonrientes, lo que nos pareció a todos un buen augurio.
No es que a mí me preocupara el renacuajo que llevaba en la panza ni nada de eso, pero al ver sonreír a mi madre, se me pasó el dolor de costillas casi del todo.
Detrás de ellos venía D. Guillermo, que, una de tres, o se pasaba de servicial, vivíamos en un pueblo de gente muy sana, o directamente quería arruinarnos con sus minutas.
Todos empezamos a hablar de golpe, hasta que, como siempre, la abuela empezó a mandar:
- Callarse todos. Que así no hay manera de enterarse de nada.
Razón tenía, pero nos costaba tanto dárselo, rezongamos un poco, muy poco, y guardamos absoluto silencio.
D. Guillermo nos dijo que mamá estaba muy bien, pero como estaba dentro de la edad de alto riesgo en embarazos, tenía que seguir guardando reposo y llevando una vida muy tranquila, que el bebé (entonces dijo una cosa muy rara, creo que enloqueció) lo habían estado viendo todo el día (¡¡¡¡!!!!) estaba perfectamente.
Se ve que mi cara era el fiel reflejo de mi asombro, porque sonriendo se dirigió hacia mí y me dijo que lo habían visto a través de la máquina de ecografías, que era como una tele, pero con interferencias, y que estaba creciendo bien y parecía feliz.
Aquí, no sé que me pasó, pero me eché a llorar desconsoladamente. Antes de que nadie reaccionara ya estaba mi madre abrazándome (mamá es así), me acariciaba el pelo, y me decía, “shsss…, shsss…, shsss…, tranquila cariño, todo está bien el bebé y yo” (Todos sabían que a mi no me importaba el sexo ni nada que tuviera que ver con el o la intruso/a). O sea que la más sorprendida fui yo, cuando me oí decir:
- Mamá, ¿qué es? ¿niño o niña?
Ella me sonrió con esa sonrisa que sólo ella sabe darme que me relaja y que me da fuerza y bajito me dijo “niña”,
Llegado este punto mis sollozos eran auténticos berreos eran de ciervo en celo, cuando ella hundiéndome más en la miseria, me pregunto:
- Bueno, ella no va a tener ninguna hermana más que tú, así que debo preguntarte una cosa ¿puedo?
Asentí sorbiéndome los mocos, dispuesta de antemano a decirle que sí a lo que fuera. La pregunta fue:
- ¿Quieres ser tú su madrina? Y escoger su nombre. A ver si por fin conseguimos tener a alguien con un nombre normal en la familia.
Me abracé tan fuerte como pude a su cuello, la verdad es que el costado me dolía mucho, asintiendo de todo corazón.
D.Guillermo se acercó a mí estetoscopio en ristre, interrumpiendo el llanto comunitario que se había apoderado de toda la familia.
Le miré asombrada y más me quedé cuando dijo:
- Tu madre me ha dicho que te has asustado mucho cuando se cayó y que cree que te has hecho daño en la fisura.
Así que era cierto, tenía una fisura de verdad. ¿Os lo podéis creer? y yo pensando que me dolía de tanto estar del mismo lado.
Y mi madre ¿cómo pudo fijarse en mí? Fueron demasiadas cosas para mi cabeza e hice lo de siempre, me fui. Es decir, me desmayé.
Cuando desperté, mi madre estaba sentada en el sofá junto a mí, y notaba algo que me oprimía el tórax.
Antes de que pudiera tocarme me dijo que me habían apretado el vendaje, y que si en una semana más no mejoraba, me tendrían que llevar a Toledo.
No podía hablar, estaba emocionada, mi mamá aún me quería, aún se preocupaba por mí… y entonces el pensamiento más tonto y más real de toda la vida pasó por mi mente…. “Es que madre no hay más que una”.
Obediente abrí la boca, mientras mamá me daba a cucharadas un tazón de caldo (mejunje que me era particularmente asqueroso) pero que aquel día me supo a gloria.

jueves, 18 de octubre de 2012

NOTA ACLARATORIA!!!!!



A ver, que es que sois unos suspicaces que, la verdad, no sé ni para que os cuento nada.
A fin y efecto de darle la máxima vigencia y actualidad a lo que estos días os vengo contando hasta que nos pongamos al día, he procedido a hacer un “grandioso, enorme, portentoso” esfuerzo e intentado revivir el pasado, pero como si fuera presente, y la verdad con lo a gusto y tranquila poniendo que había pasado de todo y malo, me hubiera quedado tan ancha. Pero una, que sin querer os ha cogido apego, pues ha querido explicároslo bien, como pasó, al máximo detalle, día a día, y claaaaaaaaaaaaaaro, los sabihondos de turno han tenido que quejarse.
Que si era imposible que me acordara de todo… que no podía ser que tuviera presente hasta el más pequeño detalle… en fin…. ¡quejitas! eso es lo que son “algunos”,
Pues no me calentéis que tal y como van las cosas por este lugar en medio de la nada, la señora de la “Gran Panza Ambulante”, los tres “nuevos labradores de la historia de los tiempos modernos”
(juas, juas, juas) los tremendos alaridos que suelta por todo y por nada la abuela Rufina, y las inesperadas, fuera de lugar, alocadas, chafarderas e inagotables intromisiones de Aurorita, las visitas de D. Guillermo y la no pedida pero siempre dada asistencia espiritual de D. Julián, no tengo yo el cuerpo para que me vengáis con muchas tonterías. Así que “cuidadín” que a las primeras de cambio os avío un resumen general y ya os apañaréis.
Bueno, hoy ha tocado visita médica de señora de la “Gran Panza Ambulante”, moverla es toda una hazaña. Hacerla entrar y salir de mi coche, no es tan malo, porque costar cuesta, pero mi medio kilo lo pierdo en cada operación la de “·encochar” y “desencochar”
y estoy cansada, así, que una vez AVISADOS TODOS, mañana seguiremos con el fiel relato de lo acontecido en este último mes y medio.
Qué siiiiiiiiiiiiiiiiiii abuela que ya voooooooooooooooooyyyyyyyyyyyyy.
Es que hasta para que te den algo para cenar hay que contestar a  gritos. Suerte tienen de mí que soy una bendita de dios que si les llega a tocar en suerte una de ésas que sólo piensan en ellas….SIIIIIIIIIIIIIIIIII, VOOOOOOOOOOOOYYYYYYYYYYY…

miércoles, 17 de octubre de 2012

HERIDASDE GUERRA !!!!!!!!!!!!!


Bueno, bueno y bueeeeeeeno… Lo que llegó a soltar por aquella  boca llena de dientes postizos la abuela, ni en los mejores tiempos de la dictadura ningún político de la época  se hubiera atrevido a decir.
Sacó unas hojas, como por arte de magia, que ya me gustaría a mi ver que hacía Einstein con ellas, si un helicóptero o una manzana glaseada.
Ella argumentó que estaba muy claro, que sus ¿dibujos, rayas, flechas, garabatos – letras – sabe bios? estaban clarísimos, pero claro como éramos una familia de zopencos, tontos e inútiles, y ella ya se había imaginado que no entenderíamos nada, pues había hecho listas individuales para cada uno de nosotros, con “nuestras tareas diarias”
¡Qué cara tenía la vieja! ¡Trabajos forzados eran aquello! Sólo os diré que teníamos marcado el horario hasta para ir al WC!!!!!!!
Miré la mía por encima y cuando se me pasó el mareo, dije que ¡nanay! que en cuanto abrieran la piscina del pueblo, una servidora iba a espatarrarse al sol y hasta que no tuviera la piel como un zulú no pensaba hacer otra cosa que nadar, comer y dormir.
Dios!!!!!!!!!!! Aún me duele ahora la colleja que me atizó. No la ví venir, estaba intentando recoger todas las miguitas de una bolsa de cheetos, y me dio tan fuerte que di con la nariz contra la mesa, provocándome una “HEMORRAGIA NASAL”
Naturalmente, ante aquella sangría y viéndome en peligro de muerte, empecé a saltar, gritando y poniendo la impoluta cocina como un auténtico matadero.
Enloquecí algo, la sangre siempre me ha dado mucho respeto. Empezamos una carrera idiota alrededor de la mesa de la cocina, y digo idiota, porque si en vez de seguirme, se hubieran interpuesto en mi camino, seguro que, entre los cuatro, me hubieran frenado (y luego la abuela dice que la única que piensa es ella).
Frené en seco, ante la aparición en la puerta de la cocina de la mujer de la panza ambulante, que con ojos llenos de lágrimas, unas ojeras que daban ripio, tendía sus brazos hacia mí, diciendo:
- Hija, hija querida (un mosqueo llevaba yo con lo de tanta hija y tanto querida). Dime, dime qué te han hecho, quién ha sido…quién?.
Los que me seguían arremetieron contra mi espalda y no tumbamos a la señora de puro milagro, porque hice acopia de toda mi fuerza, en el fondo no quería hacerle daño, ni que le pasara nada, hacía el puchero muchísimo más bueno que la abuela!
Al detenerme incliné la cabeza y me vi todo el camisón manchado de sangre, eso ya me provocó un ligero vahído, pero cuando volví a levantar la cabeza y vi toda la que estaba esparcida por la cocina, perdí los papeles y el conocimiento.
No sé cuanto tiempo pasó, pero un olor asqueroso me hizo dar un respingo y lo que vi al abrir los ojos, hizo que creyera firmemente que me había muerto y que, contra todo pronóstico, estaba en el infierno.
Un ser extraño que olía raro y que tenía como trozos de enchufes en la cabeza se empeñaba en hacerme oler, ni quiero saber el qué , que tenía en un frasco sujeto por unas larguísimas y cuvrvadas  uñas de color granate oscuro, lo que me confirmó que era la Sra. Demonio. Luego supe que era Aurorita la vecina.
Poco a poco se hizo la luz en mí, pero junto con ella, llegaron los dolores, el peor, el de la colleja de la abuela, el otro, el otro era como una pequeña molestia en el costado derecho a la altura de las costillas.
Mi mente, que, a veces es muy rápida, enseguida vio el filón, y sin pensarlo dos veces empecé a aullar que me había roto una costilla.
Luego me supo mal, la señora embarazada se desmayó. Pobre, blanca como la cera. Me asustó y todo. Así que para que no me riñeran decidí desmayarme yo también. Otra vez.
Pero claro, como ya estaba en el sofá, me limité a soltar un suspiro, cerrar los ojos y dejé caer la cabeza como si no pudiera con ella, pero hacia el lado de los cojines. Desmayada y herida puede, pero tonta no.
No sé lo que pasó de vista, porque claro, si abría los ojos se descubría el pastel, pero se oían muchas veces, entre ellas, la de mi abuela que gritaba:
. A la Violeta Davinia (nunca lo sabréis) que no la toque nadie que voy a reanimarlo yo ahora mismo de un sopapo.
Ante tal eventualidad, mi desmayo se hizo tan profundo, que mi hermano Wifredo (el parao) que por eso era el más listo, vivía sin trabajar, tuvo que fingir una repentina tos para tapar mis ronquidos. Sí señores, me dormí. Como un tronco. Le debo una ronda de birras de un sábado que libremos, porque el muchacho se portó.
No dejó que nadie se acercara a mí, que cuidaran de mi madre, que él se ocupaba de mí, Ni un pelo de tonto tiene.
Me agitó suavemente cuando entró D. Guillermo el médico del pueblo, que, COMO ES NATURAL, primero atendió a la gestante.
Dijo que su estado era bueno y…. no escuché más. Luego vino hacia mí,
Señor! Que hombre! Era como una bola de billar, redondo, lo miraras por el lado que fuera, por arriba y por abajo, todo él una bolita. Sus dedos eran salchichitas gorditas.
Me preguntó que si había tenido un aborto????????????????? Aquí me lancé a su cuello con las dos manos y a punto estuvo él animal de no contarlo. Mis dos hermanos se pusieron uno a cada lado de él, haciendo como un caminito, pero para protegerle.
Claro al ver toda la sangre, que no me debía quedar ni gota en el cuerpo, en el camisón, mi madre, ¡¡¡¡con su edad!!!! y en aquel estado pues él pensó…
Aclarados los puntos oscuros por parte de la abuela, que sólo me miró una vez, pero que mirada, me congeló la poca sangre que me quedaba en el cuerpo.
Le dije lo de la colleja a propósito, a ver si la denunciaba o algo, pero no, dijo que eran chiquilladas. ¿¿¿¿chiquilladas???? Si casi me separa la cabeza del tronco!!!!!!!!!!!!!!!! y también el tremendo dolor en el lado.
Lo cierto es que sí que cada vez me dolía más. Empezó, según él a reconocerme, a meterme mano, según yo, y al final, ¡oye! que me cayó bien el abuelote,dijo, con esa bendita sabiduría pueblerina, que al caerme seguro que me había dado contra algo.
Ya iba yo a negarlo, cuando el hijo de mi abuela, el Rufino dijo que sí, que me di contra la punta de la mesa.
Pues ¡ale! ya está, Ni radiografías ni rayo que mal te parte, fisura en las costillas y entonces dijo la cosa más dulce que se puede oir en labios de un hombre:
- 15 DIAS DE REPOSO ABSOLUTO, LIGERO VENDAJE Y QUE NO HAGA NINGUN ESFUERZO.
Se me saltaron las lágrimas de los ojos de la alegría, quería besarle y todo, pero Wifredo, me paró, dijo que no diera pistas raras.
Pues nada, aquí estamos, la señora embarazada en un sofá y yo en otro.
No sé como la familia lo aguanta, no por mí, que sólo pido lo que necesito pero la señora es una quejica!!!!!!!!!!!! Todo el día que si trae… que si dame… momento que aprovecho yo para decir… al mismo tiempo podrías…
Ja!!!!!!!!!!!!!!! Como una reina llevo una semana así. Escribo de madrugada, están todos tan agotados     que no se enteran y a la señora embarazada le he puesto unos hilos colgando del techo, por si al ver la luz, como tampoco duerme, le da por venir a verme, para que piense que son arañas y no siga adelante.
En fin amigos, que me queda otra semana de buena vida. Se ve que limpiar la cocina de sangre fue una lucha draconiana, Jujujujujujuuuuuuuu…! Shssssss. .. (oigo pasos… hasta mañana…)

martes, 16 de octubre de 2012

AQUÍ ME TENEIS…CUMPLIENDO MI PROMESA.



Hola chicos!!! Aquí estoy de nuevo, fiel a lo que os prometí, voy a intentar poneros al corriente de la vid…, no del kaos, en el que estamos inmersos toda la familia, que ya respira por sí misma, como el/la (no he querido saber el sexo) lo hace a través de un cordón que va unido al ombligo de la portadora. Ufffff!!! sólo pensarlo me da escalofríos…
Después de mi larga siesta, si, he dicho siesta. Me dormí al terminar de comer y a eso, de toda la vida, se le ha llamado siesta. Cuando conseguí reunir fuerzas suficientes salí de mi habitación.
Fue como si las hadas hubieran pasado por la casa. Todo estaba en perfecto orden. Cada cosa en su sitio, limpia y reluciente. Un orden que daba miedo. Asombrada me dirigí hacia donde mi estómago me guiaba, es decir, la cocina y allí… allí era otro mundo.
Mis hermanos, Wifredo, el listo, el que no había dado palo al agua en su vida, y Edgard, el que sí había hecho ver que trabajaba, pero por lo que ganaba nadie se lo acababa de creer., Rufino,. el padre de ellos y mío también, pero al que, y desde que me enteré de lo que hacía con Eudosia, su mujer y mi madre, en la cama cuando “todos” creíamos que dormían, decidí llamar por su nombre y apear el papá, estaban sentados en la mesa de la cocina, por cierto más maja estaba. Claro todo era nuevo. Tenían unas ojeras, barbas y en conjunto unas caras de estar hechos polvo que tiraba para atrás.
En silencio, me senté con ellos, y así como al disimule, alargué las manos hacia un plato lleno de magdalenas, cogí una…  y justo cuando iba a hincarle el diente, uno de mis hermanos, el listo, no pudo aguantar y se le escapó una risilla.
Llamadme suspicaz, pero me mosqueó. Los miré de uno en uno y los tres evitaron mi mirada.
Pensé que era normal en una familia de locos y sin mirarles de nuevo tenía ya media magdalena en la boca, cuando un espantoso alarido me puso los pelos de punta y paralizó mis glándulas salivares.
Realmente asustada me giré para ver a una mujer panzuda, despeinada, con ojos de loca, una especie de camisón que le apretaba el abdomen, haciendo más visible su prominente panza, que se abalanzó hacia mí al grito de:
- No, hija querida, no lo hagas. Te quiero demasiado.
El asombro me dejó muda, cosa muy, muy rara. Tragué saliva, me enfrenté al miedo y con un gesto altivo (que mis hermanos dicen parecía de gata despellejada) contesté:
- ¿Por qué? Es que ahora vamos a probar de si somos capaces de sobrevivir sin comer, para salir más baratos y tener más dinero para… eso que llevas ahí dentro…
La mujer estalló en unos sollozos, unos sollozos que hacían temblar las paredes de la casa.
Decididamente pensé, jamás tendré hijos, mira en lo que se ha convertido la mujer más fuerte de la tierra. A mí, eso, no me iba a pasar JAMAS!!!!
Como siempre la que aclaró las cosas fue la abuela, que apareció detrás de la lloriqueante embarazada, eso sí, dando órdenes y mandándola a su habitación y me explicó el asunto.
Resulta que como la “señora de avanzado estado de gestación” cuatro meses y 11 días, lo sé porque los tachaba en un calendario, que también había sido trasladado de la cocina de la ciudad a la del pueblo, el día anterior se lo pasó tumbada en el sofá, sin dormir ni nada, como yo, que lo mío era puro cansancio, lo de ella a saber lo que era, esa mañana, en un ataque de remordimiento, ayudado por no poder dormir de noche, había decidido hacernos el desayuno a todos a lo grande y bonito
Grande sí que era el plato de magdalenas, bonito, pues la verdad, las magdalenas son magdalenas, ni feas ni bonitas, se comen y punto.
Pero, siempre hay un pero, como estaba algo (¿algo?) ida últimamente, en vez de azúcar les había puesto sal. Consiguiendo con ello que los tres hombres sentados a la mesa, me di cuenta entonces, estuvieran tomando manzanilla, en vaso grande, de la vomitona de la que fueron víctimas al meterse una magdalena entera en la boca y engullirla sin apenas masticar.
Bueno, todos creyeron en esa versión de la confusión, pero yo no.
A mí, ya no me engañaba. Ya sabía desde hacía tiempo que buscaba la fórmula de deshacerse de nosotros, poco a poco, sibilinamente, para vivir feliz con su … su… bebé cuando naciera hacia finales de noviembre.
La ira, (el hambre me cegó), cuando tengo hambre pierdo totalmente los papeles, capaz me veo de matar y todo, hizo que me levantara decidida a seguirla para vengarme.
La abuela fue más rápida, y no sé como, porque mira que tenía el pelo corto, después de mis aventuras con los chiclés, me agarró por ellos y a fuerza de dolor puro y duro me hizo sentar de nuevo.
Mi mirada feroz la puso sobre aviso y se parapetó detrás de su hijo, Rufino. Desde allí y lo suficientemente lejos de mi airado malestar me aleccionó de lo que iba a ser mi vida a partir de aquel mismo instante.
Fue terrible, doloroso, humillante, repulsivo a veces, pero con el tiempo vi, compungida como se convertía en la más absoluta realidad.
Madre del amor hermoso! Aquí escribiendo se me ha ido el santo al cielo, tengo que dejaros…. pero mañana más. Os contaré como día a día, semana tras semana, mes seguido de otro mes mi vida se ha convertido en un sinvivir que me está matando. Vooooooyyyyy…!!!! Arrrrrrgggggggggsssssssss…!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

lunes, 15 de octubre de 2012

EL TRASLADO!!!


Hoooolaaaa…! ¿Queda alguien por ahí?... Sí…! Qué majos que sois…snurrrfsss…. churrrssssffffissshhh…! Ay!!!.
Lo sé, lo sé, dejaros como lo he hecho no merece ni que me miréis a la cara, pero es que sinceramente, no he tenido alma ni para moverme.
A ver si me acuerdo… Ah! Ya… ya lo tengo, os dejé después de que la abuela Rufina pusiera el Ejército del Zar a trabajar (más que remeros en galeras) y todos, es decir… mi padre, su mujer, (lo siento desde que va deambulando con esa panza no me sale llamarla de otra manera) la abuela Rufina, mi hermano el que trabajaba (poco y menos ganaba) el otro (el parao) y una servidora (Violeta Davinia  y nunca lo sabréis) caminito del pueblo, cargados como burros, pero burros de los de antes, de los que llevaban el botijo colgando, pues de esos.
La llegada al pueblo fue sonada, y digo sonada, porque todo lo que habíamos conseguido comprimir en la furgoneta que mi padre alquiló, tan pronto abrimos las puertas traseras, salio desparramándose por el asfalto y haciendo un ruido similar al que hacían las bombas en la guerra civil (eso fue lo que dijo Aurorita la vecina de la casa de enfrente) cuando salió, escoba en ristre dispuesta a enfrentarse a todos los demonios, que eran muchos, que cada día la acosaban.
Curiosa Aurorita. Me fascina. Ya no cumpliría los 70, no. Hacía tiempo que los había superado y seguían llamándola así: “Aurorita” me llegan a poner ese nombre y llamarme así y me deshijo fijo.
Vale, vale, es que me voy… pero, entendedme coñe! que es mucho lo que he pasado, como para que ahora pueda contarlo todo así de golpe.
Debo aclarar que nuestra llegada al pueblo se produjo a las 5 de la madrugada. Hora en la que aún no había cargado la escopeta ni el aguacil, el Bartolo, muy buena persona, pero bruto, hasta decir basta. Decía que era la Autoridad y que por eso llevaba un arma.
Eso sí, los cartuchos estaban vacíos, es decir sin pólvora. No preguntéis. Forma parte de esa especie de leyenda pueblerina que  todos mantienen como en secreto, pero que nadie sabe por que existe.
El día, bueno la madrugada de la llegada hasta la puesta del sol transcurrió en un loco ir y venir de la furgoneta a la casa, de la casa a la furgoneta, agacharse, recoger, tirar, romper, reñir, llorar… un lío tan gordo que yo me perdí.
Sí, me perdí en los escasos cinco metros que separaban la furgoneta de la entrada a la casa, en un momento dado, algun resorte de mi mente se estropeó y me perdí.
Me encontró mi hermano (el parao) dando vueltas sobre mí propio eje, ya de forma algo elíptica, me empezaba a marear, babeando, llorando y pidiendo a gritos que me trajeran a mi Panxo.
Panxo fue y será siempre el amor más grande de mi vida. Un peluche que no se sabía muy bien a que animal representaba. Una mezcla entre koala, oso panda, canguro y burro precioso. Me dormía mordiéndole las orejas, por lo que al final su cara empezaba justo a la altura de la nariz. Noches enteras sin dormir les costó a mis padres su muerte. Muerte atroz en la lavadora. Centrifugándolo sin parar, yo lo quería seco, no mojado.
Bueno… que me vuelvo a ir… pero bueno tampoco es tan malo, porque tengo tanto, pero tanto que contaros, que porque, hoy, en el primer día de nuestro reencuentro os hable de mí tampoco pasa nada.
Ya me conocéis, no suelo ser de esas personas que sólo les importa su vida y a los demás que les den! Ni de lejos soy yo así.
Bueno, igual, algo sí. Pero yo lo llamo sinceridad.
Pues eso, mi hermano (el parao), me paró me llevó dentro de la casa y me sentó en una silla en la cocina.
Acertó a pasar por allí la “señora embarazada” y al verme, parece ser que tenía la cara de color limón, tuvo la delicadeza de preocuparse, a buenas horas, por mí y me preguntó que cuánto hacía que no comía.
Yo no recuerdo nada más, pero cuentan, aunque ya sabéis que en mi familia son unos exagerados, que los ojos empezaron a girar en sus órbitas y una babilla me colgaba de la boca y que, al parecer, intenté morder el brazo de mi hermano al tiempo que gritaba: “Pan, quiero pan y agua”, hasta los esclavos romanos tenían derecho a eso.
Se ve que con tanto jaleo, ni me enteré de que todos, absolutamente todos habían desayunado, comido y merendado y ni cuenta se dieron cuenta de que yo no estaba allí.
Tal era el trance profundo en el que me habían sumido las circunstancias que mi olfato, muy hábil en esas cuestiones, no percibió los efluvios emanados de los alimentos que, sin vergüenza alguna, “ellos” se habían tragado.
La verdad es que no hay mal que por bien no venga. Me trataron como a una reina, bebida, (coca-cola) y comida, mucha y buena, croquetas de la abuela, chorizo, lo agarré con una mano y a mordisco limpio no lo solté hasta que sólo quedó el colgajo con la etiqueta, y demás cosas que me habían estado prohibidas durante meses.
Claro, después de tal comilona, me dormí allí mismo, encima de la mesa.
Entre los tres hombres de la familia me llevaron a mi cama y allí permanecí durante 24 horas seguidas sin despertarme ni para hacer pis, según cuentan, me levantaba dormida, iba al WC, pasaba por la cocina cogía lo primero que me parecía comestible, así fue como me comí un melocotón de cera, y volvía a la cama.
Cuando al fin desperté, todo estaba ya en su sitio y a excepción de las suspicaces miradas que me lanzaban, no hubo ningun otro signo de que pensaran que todo había estado premeditado.
¡Desde luego ni de la familia puedes fiarte!, lo que son capaces de imaginar. Pensar mal de mí.
En fin, ya situados, hasta mi ropa estaba colgada en el armario, se ve que “en sueños” vociferé que hicieran el favor de colgar bien mi camisa preferida, pero fue eso… “en sueños”… por hoy os dejo, con la firme y esta vez real promesa de que mañana más, y al otro, y al otro… porque es un empezar para no acabar… Ya veréis ya… la realidad supera la ficción del más loco e imaginativo
cerebro conocido.
Nos vemos… ¡eh! no vayáis a dejarme plantada. Mañana más.

jueves, 9 de agosto de 2012

Y... EL CIELO CAYO SOBRE NUESTRAS CABEZAS!!!



No, no me he muerto, pero os aseguro que no soy ni la sombra de lo que un día fui.
Lo sé, desde el mes de mayo que no os digo nada, pero podéis creerme si os digo que no lo he hecho, porque eran TANTO, TANTISIMO TANTO, lo que me estaba pasando que no podía asimilarlo, así que ya me diréis cómo narices iba a poder explicarlo.
Si no recuerdo mal, la cosa la dejé con el anuncio de embarazo de mi madre (que el cielo me confunda), pero estas cosas, los padres no deberían hacerlas, al menos no, después de ciertas edades de los hijos.
Sí, lo sé, suena egoísta, pero ya me gustaría a mi veros en mi pellejo, 26 añitos y cuando me preguntan… y … ¿qué tienes novio? les contesto. “No, pero voy a ser hermana de lo que venga. Un papelón!!!.
A ver si pongo un poco de orden en este lío. Voy a situarme y a situaros.
Nos quedamos con un palmo de narices, la mesa llena de porquería la abuela Rufina dando órdenes y mis padres saliendo abrazaditos del comedor con cara de idiotas después de que mi padre llevo a efecto su demoníaca confirmación del embarazo.
Los nervios me hicieron dormirme enseguida. ¿Qué? Soy así. Para no pensar me duermo y listos.
Al día siguiente, bueno a la madrugada siguiente, porque fue antes de las 7 de la mañana. Oí un estruendo horroroso procedente de la cocina, como si los armarios se hubieran caido o algo peeor.
Me levanté, con más miedo que otra cosa, y abrí la puerta de la habitación. Las de mis hermanos también estaban entreabiertas y sus ojos expectantes me miraron, ¡Hombres!.
En un rapto de valentía salí y les ordené que me siguieran. Con paso firme y la retaguardia cerrando filas detrás de mí, me dirigí a la cocina.
Peeeeeeero, ¡cómo no! antes llegó la abuela, y en medio de sus alaridos se oían como un sordo golpeteo y algo parecido a una voz humana que intentaba hablar.
Las filas de mi espalda se cerraron más. Es decir, se engancharon a mi, como crema en culo de puchero, y formando un pequeño ejercito de tres, apretados, trotamos hacia la cocina.
Al entrar, al entrar nos quedamos sin habla. En primer plano estaba la abuela dándole golpes a algo o a alguien echado en el suelo, con la barra de pan del día anterior, eh!!! poca broma, que y,  mal comparándola, yo prefería que me diera con la escoba que con el pan.
El suelo estaba todo, absolutamente todo lleno de cazos, ollas, sartenes, cubiertos de un extraño polvo de color terracotta, y en el aire había un tufillo a quemado, mezclado con el humo, que salía de un… de un no sé qué… que estaba sobre el fuego.
Mi hermano, el parado, el otro mucho trabajar, mucho trabajar, pero es un “cagaete” de armas tomar, cogió la barra de pan (de tonto no tiene un pelo) y todos sabemos lo que mi abuela puede hacer con cualquier cosa que sea que utilice como arma defensiva, y después enganchó a la abuela por la cintura y la levantó en el aire.
Algo que no sé cómo explicaros fue verla agitando piernas y brazos como una maestra del Kun-Fú, no sé que daba más miedo, si verla en aquel estado o oirla chillar, entender no se la entendía, pero oir sí.
Mi hermano, el que trabaja y yo, armados, el con un cazo y yo con una sartén nos dirigimos al doliente malhechor que estaba como moribundo en el suelo, al acercarnos y soplarle un poco en la cara que tenía cubierta de aquél extraño polvo, descubrimos, aturdidos y asombrados, que era mi padre.
De pronto un sonido hiriente, cortante, agudo, estremecedor nos heló la sangre en las venas a los cuatro, a la pataleante abuela, a mi hermano, el parado, a mi hermano, el que trabaja y a mí.
No sé de donde sacamos el valor para mirar a ver que pasaba a nuestras espaldas (yo tenía una teoría muy fundamentada, que no me dejaron exponer y que no era otra que el castigo divino por los fornicadores padres que nos habían tocado en suerte), pero no, era mi madre, con un camisón que en la vida habíamos visto, toda… toda… (me da vergüenza) sexy, parecía envuelta entre velos y espuma, aullando como una gata en celo.
Hasta la abuela Rufina se quedó quieta. Nosotros depusimos las armas y estupefactos escuchamos lo que mi madre nos aullaba.
- “No, no lo matéis, vándalos, que es vuestro padre, y usted Rufina
    que es su yerno”.
Ni tiempo nos dio a decirle que ya lo habíamos visto cuando empezó a vomitar como una descosida.
Lo que nos faltaba, por dios, ¡qué asco! y anda que la señora no se explayó ni nada.
Total, calmada la abuela, levantado mi padre del suelo y vuelto en su ser, depuestas las armas, confiscada la barra de pan, y una vez la abuela recogió lo que de la boca de mi madre había salido (en la vida había visto cosa igual) ah!!!, y la señora después de obsequiarnos con lo que contenía su estómago, echándose a llorar dijo que se iba a estirar que no podía más.
¡Ella no podía más! ¡Estábamos todos locos! No daba crédito.
No sé cómo, pero todo empezó a tener sentido. Mi “mami” había tenido un antojo nos explicaba mi padre después de una noche… (aquí se puso rojo como una fresa reventota) y no dijo nada más.
No os imagináis lo que me costó alejar de mi mente “ciertas imágenes que se adueñaron de ella”.
Ella le había pedido chocolate deshecho y. claro él, todo detalles, se ofreció a hacérselo.
Aquí, hay que reconocerlo, al César lo que es del César, mi hermano el parado, el otro no vale para casi nada, bueno para trabajar, no aguantó más y a grito pelado, le ordenó, sí, sí, le ordenó que apagara el fuego antes de que aún pasaran cosas peores.
Lo miré asombrada, peor que lo qué nos estaba pasando, como el cielo no cayera sobre nuestras cabezas, no veía yo…
Parecía que la cosa se serenaba cuando cayó la bomba atómica. La abuela, que hasta parecía que había crecido y todo, me pareció más alta, lanzó el Decreto Ley a seguir a partir de aquel momento:
- Mira (dijo hablándole a mi padre) yo en estas condiciones no me     
   me veo capaz de llevar la familia adelante. Así que como Violeta
   Davinia (nunca lo sabréis), el parado y tú no tenéis trabajo, a tu
   mujer la han despedido, y el único que trabaja para lo que hace y
   lo que gana, da igual si trabaja o no, nos iremos todos a vivir a la
   casa nueva en el pueblo. Que allí yo me apaño mejor para todo. Y
   no me protestes, que la culpa es tuya por haber hecho lo que has
   hecho con esa pobre mujer.
Atónitos nos giramos hacia mi padre, que pálido cual muerto, se limitó a asentir preguntando:
- ¿Cuándo quiere usted que nos mudemos?.
                                                                          (continuará)



sábado, 26 de mayo de 2012

ES CIERTO LA REALIDAD, SUPERA TODO LO IMAGINABLE..!!!




Ea! ya estoy aquí otra vez, hecha un asco pero estoy que es lo que importa. Ni por donde empezar sé, han sido tantas las cosas que han pasado que ni la abuela Rufina es capaz de asimilarlas, y lo que ella no asimile, ya os digo yo que no hay posibilidad de que nadie lo haga. Para algo ha pasado una guerra, como ella dice, y ha visto desfilar desde el plumón con tinta china a los modernos “chismes” como ella llama a todo aparato que tenga algo que ver con tecnología y de los que tanto nos sobran a veces.
La cosa empezó con mi despido, luego, bueno lo que pasó luego es difícil de explicar, lo intentaré pero es posible que necesite más de un mes, y con todo y con ello no sé yo si vais a poder entenderlo.
Sólo os diré que hace, unos diez días, más o menos, que toda la familia nos hemos trasladado a vivir al pueblo. Sí, sí, habéis leído bien. Toda la familia está ahora viviendo en el pueblo, con un lio tremendo, también es verdad, pero aquí estamos.
Como nota de reafirmación a lo antedicho sólo añadir que la que peor lo lleva no soy yo, ni de lejos. Por más vueltas que le deis jamás adivinarías quién es. Va os lo digo, pues ni más ni menos que la abuela. Sí la abuela, ella que nació y vivió en él. Ella que sacó adelante a sus hijos con nada y menos, pues lo lleva fatal.
Lo cierto es que a la pobre no le faltan motivos. Todo empezó una semana después de perder mi empleo. Una noche llegó mi padre a casa con una alegría que le salía por todos los poros del cuerpo y una sonrisa de estas ocultando algo que no engañaba a nadie, pero como se le veía tan feliz, pues nos hicimos los locos, pensando…”ya explotará ya…” Y la verdad es que sí, explotó, vaya si explotó, explotó tanto y tan fuerte que nos salpicó a todos.
A media cena con una sonrisa de oreja a oreja y cuando ya parecía más calmado por haber llenado en parte su estómago, paseó su mirada por todos nosotros en plan “capo mafioso”, se limpió la boca con la servilleta, y habló:
- Familia… tengo algo muy importante que comunicaros.
Ninguno intentamos fingir que nos cogía de sorpresa, así que sin más dilaciones el señor prosiguió:
- Hoy ha sido mi último día de trabajo!!! (en ese momento soltó una carcajada que nos heló la sangre en las venas a todos) sí a la abuela también.
Se oía hasta el zumbido de las moscas del verano pasado. Nos entró a todos una timidez inusitada. Nadie levantó la vista del plato. Para ser más exactos, en mi caso, porque si lo hacía todos verían que estaba llorando y no era plan. (En el fondo de mi alma yo estaba convencida de que todo era por mi culpa, pensaba que lo habían despedido porque como yo tenía esos accesos de “cosas” pues en la empresa seguramente se habían hartado)
Como siempre, mamá fue la más serena y con una voz algo silbante pero salvajamente tranquila preguntó:
- ¿Sí y.. eso? Cariño.
La mirada triunfal de mi padre nos tenía sobrecogidos de miedo puro y duro, no entendíamos nada.
Al final la abuela histérica (la abuela Rufina, algo jamás visto) le apremió:
- Por el amor de dios hombre, dinos que ha pasado de una p…. vez (lo dijo, palabra que lo dijo).
El hombre que, todo hay que decirlo, parecía más satisfecho que un cachorrillo lactante, sonrió, todavía más, echó hacia atrás la silla, se levantó  y soltó.
- Me he jubilado!
Mi padre tiene 58 años, pero nadie se atrevió a recordárselo. Pero la edad de la jubilación hasta yo, que me parecía que era viejísimo, sabía que no era ésa.
Mi madre, esta vez perdida ya su aparente compostura, balbuceó algo que nadie entendió, pero todos la miramos, animándola a que prosiguiera. Ninguno teníamos ni idea de lo que debíamos decir.
Se ve que los muchos años reconvivencia habían conseguido que entre mis padres existieran unos misteriosos códigos cifrados que conseguían que se entendieran sin que los demás nos enteráramos de nada. Eso fue lo que hizo que mi padrecontinuara:
- Pues sí, la empresa no va nada bien, y como el Gerente y yo somos grandes amigos, hoy me ha propuesto que si quería jubilarme me daban el 75% del sueldo y una indemnización (llevaba 30 años trabajando en el mismo sitio) bastante buena. Ahora sí que entendimos a mamá:
- ¿Cuánto de buena? pero esta vez su voz era un hilillo.
- Bueno no está mal. No me puedo quejar.
Atónitos presenciamos como mamá se levantaba de golpe, tirando la silla y se colgaba del cuello de papá. Primero pensamos que era para abrazarle, pero luego, al ver que se ponía morado, comprendimos que no, que lo que hacía era intentar ahogarlo.
Yo era la que estaba más cerca, pero no reaccionaba, sólo pude pensar, “Así que lo mío es genético”. Fue mi hermano, el parao, el que acudió y a duras penas pudo separar las garras en las que se habían convertido las manos de mi madre del cuello de papá.
En un salto la abuela ya estaba al lado de mi madre, dándole unos bofetones que cosa igual no había visto en la vida, chillando como una posesa.
- Cálmate, loca, cálmate que lo vas a matar y eso nos faltaba ahora.
No sé si fue ver a la abuela pegando a mamá o lo que dijo, el caso es que el alboroto se calmó. Mi padre, amoratado, se sentó y bebió el agua que yo, o mi mano, porque yo no soy consciente de haberle dado orden alguna, le tendía.
Calmada la tormenta, nos volvimos a sentar todos y sólo la abuela habló:
- Hijos, no soy yo la que debiera decirlo, pero visto como están las cosas, no me queda otro remedio. Vuestra madre y tu mujer está embarazada.
¡Mira! No sé cómo no nos morimos todos en aquel mismo instante. Evidentemente nadie la creyó, hasta que mi padre acercándose a mamá, con algo de miedo la verdad sea dicha, le tocó una teta!!!!!!!!!! allí delante de todos, y luego la otra!!!!!!!!!! yo ya no pensaba ni nada. Jamás en la vida se me había ocurrido que mi padre le podía tocar las tetas a “MI” madre.
Se volvió hacia nosotros blanco como la cera y dijo:
- Es cierto.
Nunca entenderé de qué extraño método se sirvió el hombre para afirmar tal despropósito ni por qué todos le creímos.
Empezó a reír a carcajadas, pero no las suyas, no las de otro señor desconocido y le corrían lágrimas como velones por las mejillas. Abrazó a mi madre y se la llevó al dormitorio.
En el comedor quedamos la abuela mis dos hermanos y yo, y por muy insólito que os parezca  la única que habló fue la abuela para decir:
- Bueno, pues como supongo que nadie querrá postres, esto se queda así y mañana que lo recoja Violeta Davinia (jamás lo sabréis). Todo el mundo a dormir.Mis hermanos y yo nos miramos y obedecimos en silencio.
Eso pasó el 10 de mayo, y lo que sigue es largo o sea que tan pronto pueda os lo cuento, palabra.


viernes, 4 de mayo de 2012

HOLA, HE VUELTO DE NUEVO, OTRA VEZ !!!



No hay otra explicación a mi ausencia que la cruda realidad. Para empezar os diré que conseguimos hacer unos días de vacaciones para Semana Santa y dejar todo aquel enredo debidamente ordenado y a punto para poner al día nada más acabar las vacaciones.
La cosa fue bien durante toda la semana siguiente, es decir, por primera vez en mi vida, me emoborraché de poder, me negué a buscar una sustituta a Nica, y propuse que iría repartiendo el trabajo entre las secretarias de los Jefes de Departamento. (Sabía de primera mano que no daban palo al agua). El hombrecito lo encontró acertado, de hecho le parecía bien todo lo que yo le proponía, cosa que no es que me mosqueara, porque una cosa es la falsa modestia, y otra la realidad, como trabajadora y Secretaria de Dirección sé del todo cierto que soy eficientísima, pero de eso a poder hacer lo que me saliera del sobaquillo (que es lo que hacía) empezaba a mosquearme.
Una tía abuela, a la que jamás conocí, había nacido en Galicia, y la abuela siempre decía que tenía algo de “meiga” (bruja), y que yo había salido piripintada a ella. Bueno, pues se ve que en aquéllos días mi lado de “meiga” se activaba cada día a más velocidad.
Cuando ya empezaba a dejar de lado todas mis objeciones y a relajarme, cayó la bomba. La empresa cerraba. Se estaba efectuando un ERE y todos nos íbamos al carajo, perdón, a la calle, sin indemnización, de momento, ya llegaría en su día, uno, dos, tres, cuatro años… ve tú a saber.
A ver hablando en plata, que del sueldo de Secretaria de Dirección no llegué a cobrar ni el primer mes. Cuando me dieron la noticia, al principio no reaccioné. Al rato, cuando lo hice, tuvieron que llamar a los del Servicio Técnico, dos en concreto, para reducirme y evitar que cometiera un asesinato. Lo sé, soy muy pasional, pero no lo pude remediar. Empecé a verlo todo rojo, luego negro, otra vez rojo… y tomé la decisión de que debía matar al hombrecito.
Lloré todo el trayecto desde el despacho a casa, lloré durante toda la cena, lloré toda la noche, y me desperté llorando al día siguiente, cuando el médico (al que mi madre había llamado), me hizo volver a la realidad. Se ve que había estado llorando sin explicar nada y claro la familia, con muy buen tino, temía una deshidratación, por lo que llamaron al galeno.
Me puso una inyección de no sé qué que me hizo dormir 24 horas seguidas.  Cuando desperté, estuve otro día entero que iba y  venía, es decir a  ratos lúcida y a ratos zombi. Mi madre, y esta vez ya temiendo por su propio puesto de trabajo, llamó directamente a mi ex empresa y allí la informaron.
Dado que era muy reciente todavía el episodio depresivo en el que me había sumido tras la pérdida de Tessma (con dos eses) todos temieron lo peor, por lo que volvieron a enviarme al pueblo con la abuela.
Pero no, no me deprimí, entonces, ahora sí. Estoy que no me aguanto ni yo.
Arreglé todos los papeles del paro, etc., y me quedé esperando,,, no sé el qué pero yo esperaba algo. Ese algo aún no se ha producido. Bueno lo gracioso del caso, es que cobro más del paro que trabajando, hablo del sueldo anterior a mi “ascenso”
Vale pues ahora que ya lo sabéis, ya me quedo más tranquila, porque seguro que habíais pensado que ya no volvería a asomar la cabeza. Pues no, aquí estoy, no sé muy bien ni por ni para qué, pero estoy,
Sólo una cosa más, no acabo de entender porque no me dejan salir sola a la calle, si lo único que quiero es acercarme a casa del Hombrecito a … intercambiar “puntos de vista”… a mi manera… eso sí. (Tampoco me dejan salir llevando una bolsa muy chula de gimnasio que me compré para guardar los guantes de boxeo que “tuve el capricho de regalarme” y un puño americano que me consiguió el chico del kiosco  que todos dicen que es algo “chungo” pero yo lo veo de lo más normal. El sólo tiene algunas cosas para defenderse, porque y creedme la gente es muy mala y rara también.
Hasta pronto… por cierto… ¿sabías que con el puño americano se puede romper la puerta de un armario de los buenos? Yo tampoco lo sabía. Ahora sí, y mi padre también.

miércoles, 4 de abril de 2012

NICA NO ESTÁ, NICA SE FUE Y NUNCA VOLVERÁ....!!!!!!!



Pues sí, amigos, Nica “ya” no está, Nica se fue, y nunca volverá… Ese ha sido el único motivo por el que no he podido cumplir mi promesa de contaros todo lo que había pasado entre aquéllas paredes durante mi ausencia.
Después de la caída de Nica  y una vez recogido el estropicio. La pobre me recordó tanto a mí misma, que la ayudé hasta a limpiar el suelo y todo. Empezó a llorar y a llorar y no paraba, parecía una fuente, en serio, ni yo he llegado a llorar tanto nunca. Cuando ya no se me ocurrió nada más para calmarla, le dije: “Anda mujer, vamos a repasar todo lo que ha llegado y lo qué has hecho durante mi ausencia”.
Pobre, ¡Me dio una pena!, Sonriendo entre lágrimas afirmó con su cabecita. (Ni tan siquiera sospechaba yo que en poco tiempo estaría mucho más que dispuesta a arrancársela a mordiscos). Secándose toda la cara y cuando digo toda, es toda, arrastrando lágrimas, mocos y pelos por ella, empezó a caminar de aquella extraña manera entre pato y avestruz que me fascinaba. Era increíble que pudiera hacer aquellos movimientos y no caerse.
La seguí hasta su despachito (éste si que estaba igual que lo había dejado yo), algo mugroso y con la foto de Clooney enganchada en el lateral interno de la mesa. ¡Qué tiempos! Rememorando sonreí. Antes cuando podía, o me acordaba, todo sea dicho, de vez en cuando echaba hacia atrás mi vulgar silla de ruedas con respaldo movedizo, de ésos que no sabes nunca si se van a caer o no, y lo miraba suspirando.
Volví enseguida a la realidad. Encima de la mesa había, básicamente, tres grandes montones de papeles, sí lo habéis leído bien, TRES. Eso sí, enormes, eran tan altos sobre todo, uno de ellos, que casi no me dejaban ver el cuarto y eso que mi altura es algo más que respetable.
Atónita me quedé mirando como una lela, hasta que un carraspeo satisfecho, emitido por la susodicha, me devolvió a la realidad.
La mire durante unos momentos hasta que pude preguntar: ¿Tú, tú… has hecho esto? Muy satisfecha asintió, agitando tantas veces la cabeza que por un momento temí que se le descoyuntara: “Sí, todo,  perfectamente ordenado”. “Ya…veo” añadí, pero lo entendería mejor si me explicaras qué es”,
Con una cara de satisfacción que daba envidia empezó su “explicación”; Mire Señ… Violeta, hay cuatro pilas de papeles ¿lo ve?” (Algo mareada ya, asentí), “Bien, una es de la letra “C” de cartas, Otra es de la letra “F” de facturas, la del medio  (era enormemente alta no os lo podéis ni imaginar) es de la letra “P” de propaganda y la más pequeña, la de atrás, ésa es de la letra “S” de sobres.
Tuve que apoyarme en la puerta, y darme aire con la mano. En un rápido cálculo mental sumé los días que yo había estado ausente el resultado era espeluznante. Me aferré desesperadamente a una pequeña brizna de esperanza y con mucho cuidado pregunté: “Todo esto… ¿desde cuándo lo tienes aquí?”. Respuesta: “Una semana”. Solté un bufido de alivio que se me quedó a la mitad, cuando ella prosiguió…”Pero el resto está aún por ordenar” Bizqueando intenté mirarla pero no podía, cuando me pongo nerviosa bizqueo y claro las imágenes se me escapan. Me dio un ligero golpe en el brazo y se dirigió al armario viejo y roñoso de dos puertas, que era igualito al que había en una de las viejas habitaciones de la casa de la abuela en el pueblo.
La seguí, y ahí nos tenéis a las dos, plantadas delante de un armario silente (aunque a mí me pareció oír algún que otro crujido, tenue, pero crujido). Sin perder para nada la sonrisa… me hizo gestos con la mano para que juntara mi cabeza a la de ella. Anonadada lo hice y abrió sólo un poco la puerta.
Madre del amor no hermoso no, generoso, porque hay que ser muy pero que muy generoso para  no matarla allí mismo. El armario estaba a rebosar de papeles.
Algo más fuerte que yo me impulsó a abrir de golpe la puerta del armario. Nunca tal hiciera!!!!! Sólo el cartero y la oficina postal cercana sabían lo que allí había. Bueno y las casas de Mensajería urgente. Empezaron a caer, a caer, a caer, y aquello era como una fiesta, un sin parar, cada vez más y más.
Enloquecí y a gritos destemplados, le pregunté: “Pero alma de cántaro lo que hay encima de la mesa…¿De qué semana es? La respuesta me heló el corazón: “De la última, iba abriendo poco a poco la puerta, sacaba unos cuántos y los ordenaba”.
Tuvieran que separarme a la fuerza de ella, la agarré por el cuello mientras intentaba pedirle explicaciones pero parece ser que la cosa sonaba así:“Pertquethspdoquestooooooooooooooooagssssssfrrrrrrggggrrrññññsssssss”.
Cuatro hombres fueron necesarios para salvarla de mi santa y justa ira. Mientras yo continuaba vociferando, el HombrecitoGranJefe tuvo la brillante idea de decir: “Mire Nica, me veo obligado a despedirla, lo que usted a hecho no tiene nombre”.
Me giré hacia él y hacia los otros tres y encarándome en plan chulo les espeté: ¿Pero es qué no os dabais cuenta de qué nadie os pasaba correspondencia ni nada de nada?
Contritos bajaron la cabeza. ¡Claro lo bien que habían vivido, sin dar palo al agua durante…mejor ni pensarlo!.
Desde ese día hasta hoy, cada mañana desde que entramos hasta la hora de salida por la tarde (al mediodía nos zampamos un bocadillo) estamos el HombrecitoGranJefe, una chica de contabilidad y dos de los “grandes trabajadores” intentando poner algo de orden en el caos producido por la Arsenia, Nica para los amigos.
Esta misma tarde uno de ellos ha tenido la osadía de preguntar si el jueves por la tarde trabajaríamos o ya al mediodía nos íbamos de Semana Santa.
Un frasco de Agua del Carmen (para mí) algunas tiritas y un frasco de alcohol para él, creo que le han dejado muy claro lo que pasará esta Semana Santa. (Por cierto, no sabía yo que el Agua del Carmen te dejaba en un estado así.. de agustón!!!!!) o sea que ya os iré informando en la media de lo posible.
“¡Eh, vosotros, traedme otro frasco de Agua del Carmen, que noto como un vahído…jijijiji!”

sábado, 31 de marzo de 2012

PEDIROS PERDÓN ES POCO…PERO LO HAGO; PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN…!!!!!


PEDIROS PERDÓN ES POCO…PERO LO HAGO; PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN…!!!!!
Todo cuánto me podáis decir ya lo sé, o sea que una impresentable. Pero vamos a no cargarlo todo sobre el mismo burro ¿eh? que vosotros tampoco me habéis dicho nada a mí.
Pues sí, sí… el lunes de mi retorno fue un día marcado con estrellitas en la empresa (y ya no digamos en mi vida) Tranquis… ahora voy! Coñe! Con las prisas!!!!!!!!!
De entrada, cuando me vi en el espejo, antes de salir de casa, maquillada, vestida y con los pelos de punta (pero muy bien puestos, muy graciosos) casi me da un pasmo. No me reconocía ni yo. Tendrías que haber visto la sonrisa de mi madre. No le cabía en la cara.
El régimen drástico, pero efectivo, me había convertido en una estilosa silueta alargada, tanto así que el segurata del trabajo no me quería dejar entrar. La verdad es que la foto que sale en mi acreditación, poco o nada tiene que ver con mi actual “look”. Hasta que no rompí en estruendosas carcajadas no se convenció de que “yo” era “yo”.
Pisando firme entré en las oficinas como si fuera la mismísima dueña, pero me traicionó la fuerza de la costumbre y sin pensarlo fui directa al pequeño cubículo en el que durante seis años había desempeñado mis funciones como la “secre” de la “Secre de Dirección”.
El altercado con el segurata  me había hecho perder unos minutos y al llegar a “mi despacho”, me encontré sentada detrás de la mesa a una persona de un rubio dudoso, ojos inmensos de color marrón vulgarcillo, con la piel más blanca que un helado de nata y una cara de susto tan, pero que tan grande, que me tuve que morder (poco tampoco era cuestión de hacerme daño) la lengua para no echarme a reír.
Efectivamente no era la despampanante rubia que yo había creído ver aquel ya lejano día tras el fallecimiento de…, bueno, ya todos sabéis quién, me resulta doloroso nombrarla.
Metida en mi nuevo papel, le sonreí amistosamente, le lancé un alegre “Buenos días” y girando sobre mis talones me encaminé hacia la puerta de Gerencia (en realidad es la de al lado). Debo reconocer que me temblaba algo la mano al girar el pomo, pero cerré los ojos y la abrí de golpe.
También de golpe abrí los ojos, me daba miedo, pero lo superé. Lo que vi me dejó anonadada. Era una estancia pintada de un blanco con toques de gris, clara, diáfana, la persiana también era nueva y de un bonito color crema…y los muebles… madre del amor hermoso LOS MUEBLES!!!!! nuevos, modernos y de un precioso color roble, la lámpara de mesa nueva de diseño, un pedazo de silla giratoria con brazos… bueno... no sé cómo explicarlo era el despacho soñado de cualquier ejecutiva que se precie. Al menos para mí, que era el primero que veía, me lo pareció. El HombrecitoGranJefe, (tengo que dejar de llamarlo así) había cumplido su promesa. Allí no había nada que recordara a su anterior usuaria.
Colgué la chaqueta en el armario empotrado y muy bien disimulado y me llevé el bolso a la mesa para guardarlo en algún cajón. No podía dejarlo en el armario en él llevaba todas “mis quiscosillas” y no estaba dispuesta a desprenderme de golpe de mis viejas costumbres.
Me senté, ¡Por favor! aquella silla no era para trabajar, era para dormir la siesta del siglo. No había acabado de acercarme del todo a la mesa, cuando unos discretos golpes me avisaron de que alguien quería entrar. Carraspeé un poco y me salió un repelente “Adelante”.
Era la nueva, no recordaba el nombre. Se quedó plantada ante la mesa mirándome (muy habladora no es que lo sea no), e hice lo propio. Es decir, la miré. Ante el silencio provocado, al final con voz apagada y temblorosa me dice: “Srta. Violeta Davinia” (¿¿¿¿????)  --era yo, me lo estaba diciendo a mí – “Dígame cómo le gusta el café y se lo traeré, si es que le parece bien” Me lo estaba preguntando… ¿a mí? ¡Ja! No, no me parecía bien, me parecía excelente!!!!!!!!!!!!
Sonriente me levante, alargué la mano y le dije: “Tranquila, que soy de gustos sencillos, con un capuccino con toque de canela y un donut, tengo bastante, pero antes dame la mano y perdona pero no  recuerdo tu nombre”.
Ella toda temblorosa (pobrecilla), me dio la mano y dijo, (agarraos que vienen curvas) “Me llamo Arsenia (aquí sí que me mordí la lengua y no me importó que me doliera, y yo quejándome de mi nombre), pero en casa, los amigos y los compañeros de aquí, me llaman Nica” (otro mordisco, empezaba a dudar de que fuera sano tanto morder). Nica leyó en mis ojos el asombro ante tal diminutivo y se apresuró a aclarármelo.
“Es que de pequeña mi abuela empezó a llamarme Arsenica, y al final se quedó en Nica”. (Toma mordiscazo!!!!) Creo que sonreí, o eso era lo que pretendía y le contesté que ella a mí podía llamarme Violeta, y que apeara el Señorita que no era persona de tales superioridades, si no le dije eso exactamente, por ahí iban los tiros.
Nica fue a buscar el café y observé que andaba como un pato mareado, es decir, se balanceaba de una manera algo rara. No pude continuar observándola porque la puerta que daba directamente al despacho del jefe se abrió  apareciendo éste muy sonriente y tendiéndome la mano, que naturalmente apreté, añadió:
“Mire Violeta, si a usted le parece bien, tómese el día de hoy para irse poniendo al día y mañana por la mañana a primera hora nos reuniremos y empezaremos a trabajar en serio”, justo cuando iba a contestarle, (encantada de la vida), que sí,  un ruido como de tren descarrilando, mucho alboroto y algún que otro grito nos hizo salir a los dos disparados del despacho.
Luego me supo mal, pero en aquel momento no pude evitarlo, me eché a reír a cajas destempladas. Allí en el suelo, rodeada de vaso, sobres mojados de tres tipos de azúcares diferentes, un charco de indefinido color y un donut que deambulaba sobre el líquido, estaba sentada Nica.
Sus ojos estaban llenos de un líquido que yo conocía muy bien, y su gesto de impotencia era tal que me recordó tanto a mí que… la que se echó a llorar fui yo…
Todos se desvivieron por consolarme, sin tener ni idea de por qué debían hacerlo, olvidando a la pobre Nica allí sola, mojada y humillada…
Así empezó mi primera mañana de regreso a la oficina, ahora no puedo seguir, pero mañana más…Prometido!!!!!