Los que quieren leer lo que se me ocurre escribir

jueves, 9 de agosto de 2012

Y... EL CIELO CAYO SOBRE NUESTRAS CABEZAS!!!



No, no me he muerto, pero os aseguro que no soy ni la sombra de lo que un día fui.
Lo sé, desde el mes de mayo que no os digo nada, pero podéis creerme si os digo que no lo he hecho, porque eran TANTO, TANTISIMO TANTO, lo que me estaba pasando que no podía asimilarlo, así que ya me diréis cómo narices iba a poder explicarlo.
Si no recuerdo mal, la cosa la dejé con el anuncio de embarazo de mi madre (que el cielo me confunda), pero estas cosas, los padres no deberían hacerlas, al menos no, después de ciertas edades de los hijos.
Sí, lo sé, suena egoísta, pero ya me gustaría a mi veros en mi pellejo, 26 añitos y cuando me preguntan… y … ¿qué tienes novio? les contesto. “No, pero voy a ser hermana de lo que venga. Un papelón!!!.
A ver si pongo un poco de orden en este lío. Voy a situarme y a situaros.
Nos quedamos con un palmo de narices, la mesa llena de porquería la abuela Rufina dando órdenes y mis padres saliendo abrazaditos del comedor con cara de idiotas después de que mi padre llevo a efecto su demoníaca confirmación del embarazo.
Los nervios me hicieron dormirme enseguida. ¿Qué? Soy así. Para no pensar me duermo y listos.
Al día siguiente, bueno a la madrugada siguiente, porque fue antes de las 7 de la mañana. Oí un estruendo horroroso procedente de la cocina, como si los armarios se hubieran caido o algo peeor.
Me levanté, con más miedo que otra cosa, y abrí la puerta de la habitación. Las de mis hermanos también estaban entreabiertas y sus ojos expectantes me miraron, ¡Hombres!.
En un rapto de valentía salí y les ordené que me siguieran. Con paso firme y la retaguardia cerrando filas detrás de mí, me dirigí a la cocina.
Peeeeeeero, ¡cómo no! antes llegó la abuela, y en medio de sus alaridos se oían como un sordo golpeteo y algo parecido a una voz humana que intentaba hablar.
Las filas de mi espalda se cerraron más. Es decir, se engancharon a mi, como crema en culo de puchero, y formando un pequeño ejercito de tres, apretados, trotamos hacia la cocina.
Al entrar, al entrar nos quedamos sin habla. En primer plano estaba la abuela dándole golpes a algo o a alguien echado en el suelo, con la barra de pan del día anterior, eh!!! poca broma, que y,  mal comparándola, yo prefería que me diera con la escoba que con el pan.
El suelo estaba todo, absolutamente todo lleno de cazos, ollas, sartenes, cubiertos de un extraño polvo de color terracotta, y en el aire había un tufillo a quemado, mezclado con el humo, que salía de un… de un no sé qué… que estaba sobre el fuego.
Mi hermano, el parado, el otro mucho trabajar, mucho trabajar, pero es un “cagaete” de armas tomar, cogió la barra de pan (de tonto no tiene un pelo) y todos sabemos lo que mi abuela puede hacer con cualquier cosa que sea que utilice como arma defensiva, y después enganchó a la abuela por la cintura y la levantó en el aire.
Algo que no sé cómo explicaros fue verla agitando piernas y brazos como una maestra del Kun-Fú, no sé que daba más miedo, si verla en aquel estado o oirla chillar, entender no se la entendía, pero oir sí.
Mi hermano, el que trabaja y yo, armados, el con un cazo y yo con una sartén nos dirigimos al doliente malhechor que estaba como moribundo en el suelo, al acercarnos y soplarle un poco en la cara que tenía cubierta de aquél extraño polvo, descubrimos, aturdidos y asombrados, que era mi padre.
De pronto un sonido hiriente, cortante, agudo, estremecedor nos heló la sangre en las venas a los cuatro, a la pataleante abuela, a mi hermano, el parado, a mi hermano, el que trabaja y a mí.
No sé de donde sacamos el valor para mirar a ver que pasaba a nuestras espaldas (yo tenía una teoría muy fundamentada, que no me dejaron exponer y que no era otra que el castigo divino por los fornicadores padres que nos habían tocado en suerte), pero no, era mi madre, con un camisón que en la vida habíamos visto, toda… toda… (me da vergüenza) sexy, parecía envuelta entre velos y espuma, aullando como una gata en celo.
Hasta la abuela Rufina se quedó quieta. Nosotros depusimos las armas y estupefactos escuchamos lo que mi madre nos aullaba.
- “No, no lo matéis, vándalos, que es vuestro padre, y usted Rufina
    que es su yerno”.
Ni tiempo nos dio a decirle que ya lo habíamos visto cuando empezó a vomitar como una descosida.
Lo que nos faltaba, por dios, ¡qué asco! y anda que la señora no se explayó ni nada.
Total, calmada la abuela, levantado mi padre del suelo y vuelto en su ser, depuestas las armas, confiscada la barra de pan, y una vez la abuela recogió lo que de la boca de mi madre había salido (en la vida había visto cosa igual) ah!!!, y la señora después de obsequiarnos con lo que contenía su estómago, echándose a llorar dijo que se iba a estirar que no podía más.
¡Ella no podía más! ¡Estábamos todos locos! No daba crédito.
No sé cómo, pero todo empezó a tener sentido. Mi “mami” había tenido un antojo nos explicaba mi padre después de una noche… (aquí se puso rojo como una fresa reventota) y no dijo nada más.
No os imagináis lo que me costó alejar de mi mente “ciertas imágenes que se adueñaron de ella”.
Ella le había pedido chocolate deshecho y. claro él, todo detalles, se ofreció a hacérselo.
Aquí, hay que reconocerlo, al César lo que es del César, mi hermano el parado, el otro no vale para casi nada, bueno para trabajar, no aguantó más y a grito pelado, le ordenó, sí, sí, le ordenó que apagara el fuego antes de que aún pasaran cosas peores.
Lo miré asombrada, peor que lo qué nos estaba pasando, como el cielo no cayera sobre nuestras cabezas, no veía yo…
Parecía que la cosa se serenaba cuando cayó la bomba atómica. La abuela, que hasta parecía que había crecido y todo, me pareció más alta, lanzó el Decreto Ley a seguir a partir de aquel momento:
- Mira (dijo hablándole a mi padre) yo en estas condiciones no me     
   me veo capaz de llevar la familia adelante. Así que como Violeta
   Davinia (nunca lo sabréis), el parado y tú no tenéis trabajo, a tu
   mujer la han despedido, y el único que trabaja para lo que hace y
   lo que gana, da igual si trabaja o no, nos iremos todos a vivir a la
   casa nueva en el pueblo. Que allí yo me apaño mejor para todo. Y
   no me protestes, que la culpa es tuya por haber hecho lo que has
   hecho con esa pobre mujer.
Atónitos nos giramos hacia mi padre, que pálido cual muerto, se limitó a asentir preguntando:
- ¿Cuándo quiere usted que nos mudemos?.
                                                                          (continuará)



sábado, 26 de mayo de 2012

ES CIERTO LA REALIDAD, SUPERA TODO LO IMAGINABLE..!!!




Ea! ya estoy aquí otra vez, hecha un asco pero estoy que es lo que importa. Ni por donde empezar sé, han sido tantas las cosas que han pasado que ni la abuela Rufina es capaz de asimilarlas, y lo que ella no asimile, ya os digo yo que no hay posibilidad de que nadie lo haga. Para algo ha pasado una guerra, como ella dice, y ha visto desfilar desde el plumón con tinta china a los modernos “chismes” como ella llama a todo aparato que tenga algo que ver con tecnología y de los que tanto nos sobran a veces.
La cosa empezó con mi despido, luego, bueno lo que pasó luego es difícil de explicar, lo intentaré pero es posible que necesite más de un mes, y con todo y con ello no sé yo si vais a poder entenderlo.
Sólo os diré que hace, unos diez días, más o menos, que toda la familia nos hemos trasladado a vivir al pueblo. Sí, sí, habéis leído bien. Toda la familia está ahora viviendo en el pueblo, con un lio tremendo, también es verdad, pero aquí estamos.
Como nota de reafirmación a lo antedicho sólo añadir que la que peor lo lleva no soy yo, ni de lejos. Por más vueltas que le deis jamás adivinarías quién es. Va os lo digo, pues ni más ni menos que la abuela. Sí la abuela, ella que nació y vivió en él. Ella que sacó adelante a sus hijos con nada y menos, pues lo lleva fatal.
Lo cierto es que a la pobre no le faltan motivos. Todo empezó una semana después de perder mi empleo. Una noche llegó mi padre a casa con una alegría que le salía por todos los poros del cuerpo y una sonrisa de estas ocultando algo que no engañaba a nadie, pero como se le veía tan feliz, pues nos hicimos los locos, pensando…”ya explotará ya…” Y la verdad es que sí, explotó, vaya si explotó, explotó tanto y tan fuerte que nos salpicó a todos.
A media cena con una sonrisa de oreja a oreja y cuando ya parecía más calmado por haber llenado en parte su estómago, paseó su mirada por todos nosotros en plan “capo mafioso”, se limpió la boca con la servilleta, y habló:
- Familia… tengo algo muy importante que comunicaros.
Ninguno intentamos fingir que nos cogía de sorpresa, así que sin más dilaciones el señor prosiguió:
- Hoy ha sido mi último día de trabajo!!! (en ese momento soltó una carcajada que nos heló la sangre en las venas a todos) sí a la abuela también.
Se oía hasta el zumbido de las moscas del verano pasado. Nos entró a todos una timidez inusitada. Nadie levantó la vista del plato. Para ser más exactos, en mi caso, porque si lo hacía todos verían que estaba llorando y no era plan. (En el fondo de mi alma yo estaba convencida de que todo era por mi culpa, pensaba que lo habían despedido porque como yo tenía esos accesos de “cosas” pues en la empresa seguramente se habían hartado)
Como siempre, mamá fue la más serena y con una voz algo silbante pero salvajamente tranquila preguntó:
- ¿Sí y.. eso? Cariño.
La mirada triunfal de mi padre nos tenía sobrecogidos de miedo puro y duro, no entendíamos nada.
Al final la abuela histérica (la abuela Rufina, algo jamás visto) le apremió:
- Por el amor de dios hombre, dinos que ha pasado de una p…. vez (lo dijo, palabra que lo dijo).
El hombre que, todo hay que decirlo, parecía más satisfecho que un cachorrillo lactante, sonrió, todavía más, echó hacia atrás la silla, se levantó  y soltó.
- Me he jubilado!
Mi padre tiene 58 años, pero nadie se atrevió a recordárselo. Pero la edad de la jubilación hasta yo, que me parecía que era viejísimo, sabía que no era ésa.
Mi madre, esta vez perdida ya su aparente compostura, balbuceó algo que nadie entendió, pero todos la miramos, animándola a que prosiguiera. Ninguno teníamos ni idea de lo que debíamos decir.
Se ve que los muchos años reconvivencia habían conseguido que entre mis padres existieran unos misteriosos códigos cifrados que conseguían que se entendieran sin que los demás nos enteráramos de nada. Eso fue lo que hizo que mi padrecontinuara:
- Pues sí, la empresa no va nada bien, y como el Gerente y yo somos grandes amigos, hoy me ha propuesto que si quería jubilarme me daban el 75% del sueldo y una indemnización (llevaba 30 años trabajando en el mismo sitio) bastante buena. Ahora sí que entendimos a mamá:
- ¿Cuánto de buena? pero esta vez su voz era un hilillo.
- Bueno no está mal. No me puedo quejar.
Atónitos presenciamos como mamá se levantaba de golpe, tirando la silla y se colgaba del cuello de papá. Primero pensamos que era para abrazarle, pero luego, al ver que se ponía morado, comprendimos que no, que lo que hacía era intentar ahogarlo.
Yo era la que estaba más cerca, pero no reaccionaba, sólo pude pensar, “Así que lo mío es genético”. Fue mi hermano, el parao, el que acudió y a duras penas pudo separar las garras en las que se habían convertido las manos de mi madre del cuello de papá.
En un salto la abuela ya estaba al lado de mi madre, dándole unos bofetones que cosa igual no había visto en la vida, chillando como una posesa.
- Cálmate, loca, cálmate que lo vas a matar y eso nos faltaba ahora.
No sé si fue ver a la abuela pegando a mamá o lo que dijo, el caso es que el alboroto se calmó. Mi padre, amoratado, se sentó y bebió el agua que yo, o mi mano, porque yo no soy consciente de haberle dado orden alguna, le tendía.
Calmada la tormenta, nos volvimos a sentar todos y sólo la abuela habló:
- Hijos, no soy yo la que debiera decirlo, pero visto como están las cosas, no me queda otro remedio. Vuestra madre y tu mujer está embarazada.
¡Mira! No sé cómo no nos morimos todos en aquel mismo instante. Evidentemente nadie la creyó, hasta que mi padre acercándose a mamá, con algo de miedo la verdad sea dicha, le tocó una teta!!!!!!!!!! allí delante de todos, y luego la otra!!!!!!!!!! yo ya no pensaba ni nada. Jamás en la vida se me había ocurrido que mi padre le podía tocar las tetas a “MI” madre.
Se volvió hacia nosotros blanco como la cera y dijo:
- Es cierto.
Nunca entenderé de qué extraño método se sirvió el hombre para afirmar tal despropósito ni por qué todos le creímos.
Empezó a reír a carcajadas, pero no las suyas, no las de otro señor desconocido y le corrían lágrimas como velones por las mejillas. Abrazó a mi madre y se la llevó al dormitorio.
En el comedor quedamos la abuela mis dos hermanos y yo, y por muy insólito que os parezca  la única que habló fue la abuela para decir:
- Bueno, pues como supongo que nadie querrá postres, esto se queda así y mañana que lo recoja Violeta Davinia (jamás lo sabréis). Todo el mundo a dormir.Mis hermanos y yo nos miramos y obedecimos en silencio.
Eso pasó el 10 de mayo, y lo que sigue es largo o sea que tan pronto pueda os lo cuento, palabra.


viernes, 4 de mayo de 2012

HOLA, HE VUELTO DE NUEVO, OTRA VEZ !!!



No hay otra explicación a mi ausencia que la cruda realidad. Para empezar os diré que conseguimos hacer unos días de vacaciones para Semana Santa y dejar todo aquel enredo debidamente ordenado y a punto para poner al día nada más acabar las vacaciones.
La cosa fue bien durante toda la semana siguiente, es decir, por primera vez en mi vida, me emoborraché de poder, me negué a buscar una sustituta a Nica, y propuse que iría repartiendo el trabajo entre las secretarias de los Jefes de Departamento. (Sabía de primera mano que no daban palo al agua). El hombrecito lo encontró acertado, de hecho le parecía bien todo lo que yo le proponía, cosa que no es que me mosqueara, porque una cosa es la falsa modestia, y otra la realidad, como trabajadora y Secretaria de Dirección sé del todo cierto que soy eficientísima, pero de eso a poder hacer lo que me saliera del sobaquillo (que es lo que hacía) empezaba a mosquearme.
Una tía abuela, a la que jamás conocí, había nacido en Galicia, y la abuela siempre decía que tenía algo de “meiga” (bruja), y que yo había salido piripintada a ella. Bueno, pues se ve que en aquéllos días mi lado de “meiga” se activaba cada día a más velocidad.
Cuando ya empezaba a dejar de lado todas mis objeciones y a relajarme, cayó la bomba. La empresa cerraba. Se estaba efectuando un ERE y todos nos íbamos al carajo, perdón, a la calle, sin indemnización, de momento, ya llegaría en su día, uno, dos, tres, cuatro años… ve tú a saber.
A ver hablando en plata, que del sueldo de Secretaria de Dirección no llegué a cobrar ni el primer mes. Cuando me dieron la noticia, al principio no reaccioné. Al rato, cuando lo hice, tuvieron que llamar a los del Servicio Técnico, dos en concreto, para reducirme y evitar que cometiera un asesinato. Lo sé, soy muy pasional, pero no lo pude remediar. Empecé a verlo todo rojo, luego negro, otra vez rojo… y tomé la decisión de que debía matar al hombrecito.
Lloré todo el trayecto desde el despacho a casa, lloré durante toda la cena, lloré toda la noche, y me desperté llorando al día siguiente, cuando el médico (al que mi madre había llamado), me hizo volver a la realidad. Se ve que había estado llorando sin explicar nada y claro la familia, con muy buen tino, temía una deshidratación, por lo que llamaron al galeno.
Me puso una inyección de no sé qué que me hizo dormir 24 horas seguidas.  Cuando desperté, estuve otro día entero que iba y  venía, es decir a  ratos lúcida y a ratos zombi. Mi madre, y esta vez ya temiendo por su propio puesto de trabajo, llamó directamente a mi ex empresa y allí la informaron.
Dado que era muy reciente todavía el episodio depresivo en el que me había sumido tras la pérdida de Tessma (con dos eses) todos temieron lo peor, por lo que volvieron a enviarme al pueblo con la abuela.
Pero no, no me deprimí, entonces, ahora sí. Estoy que no me aguanto ni yo.
Arreglé todos los papeles del paro, etc., y me quedé esperando,,, no sé el qué pero yo esperaba algo. Ese algo aún no se ha producido. Bueno lo gracioso del caso, es que cobro más del paro que trabajando, hablo del sueldo anterior a mi “ascenso”
Vale pues ahora que ya lo sabéis, ya me quedo más tranquila, porque seguro que habíais pensado que ya no volvería a asomar la cabeza. Pues no, aquí estoy, no sé muy bien ni por ni para qué, pero estoy,
Sólo una cosa más, no acabo de entender porque no me dejan salir sola a la calle, si lo único que quiero es acercarme a casa del Hombrecito a … intercambiar “puntos de vista”… a mi manera… eso sí. (Tampoco me dejan salir llevando una bolsa muy chula de gimnasio que me compré para guardar los guantes de boxeo que “tuve el capricho de regalarme” y un puño americano que me consiguió el chico del kiosco  que todos dicen que es algo “chungo” pero yo lo veo de lo más normal. El sólo tiene algunas cosas para defenderse, porque y creedme la gente es muy mala y rara también.
Hasta pronto… por cierto… ¿sabías que con el puño americano se puede romper la puerta de un armario de los buenos? Yo tampoco lo sabía. Ahora sí, y mi padre también.

miércoles, 4 de abril de 2012

NICA NO ESTÁ, NICA SE FUE Y NUNCA VOLVERÁ....!!!!!!!



Pues sí, amigos, Nica “ya” no está, Nica se fue, y nunca volverá… Ese ha sido el único motivo por el que no he podido cumplir mi promesa de contaros todo lo que había pasado entre aquéllas paredes durante mi ausencia.
Después de la caída de Nica  y una vez recogido el estropicio. La pobre me recordó tanto a mí misma, que la ayudé hasta a limpiar el suelo y todo. Empezó a llorar y a llorar y no paraba, parecía una fuente, en serio, ni yo he llegado a llorar tanto nunca. Cuando ya no se me ocurrió nada más para calmarla, le dije: “Anda mujer, vamos a repasar todo lo que ha llegado y lo qué has hecho durante mi ausencia”.
Pobre, ¡Me dio una pena!, Sonriendo entre lágrimas afirmó con su cabecita. (Ni tan siquiera sospechaba yo que en poco tiempo estaría mucho más que dispuesta a arrancársela a mordiscos). Secándose toda la cara y cuando digo toda, es toda, arrastrando lágrimas, mocos y pelos por ella, empezó a caminar de aquella extraña manera entre pato y avestruz que me fascinaba. Era increíble que pudiera hacer aquellos movimientos y no caerse.
La seguí hasta su despachito (éste si que estaba igual que lo había dejado yo), algo mugroso y con la foto de Clooney enganchada en el lateral interno de la mesa. ¡Qué tiempos! Rememorando sonreí. Antes cuando podía, o me acordaba, todo sea dicho, de vez en cuando echaba hacia atrás mi vulgar silla de ruedas con respaldo movedizo, de ésos que no sabes nunca si se van a caer o no, y lo miraba suspirando.
Volví enseguida a la realidad. Encima de la mesa había, básicamente, tres grandes montones de papeles, sí lo habéis leído bien, TRES. Eso sí, enormes, eran tan altos sobre todo, uno de ellos, que casi no me dejaban ver el cuarto y eso que mi altura es algo más que respetable.
Atónita me quedé mirando como una lela, hasta que un carraspeo satisfecho, emitido por la susodicha, me devolvió a la realidad.
La mire durante unos momentos hasta que pude preguntar: ¿Tú, tú… has hecho esto? Muy satisfecha asintió, agitando tantas veces la cabeza que por un momento temí que se le descoyuntara: “Sí, todo,  perfectamente ordenado”. “Ya…veo” añadí, pero lo entendería mejor si me explicaras qué es”,
Con una cara de satisfacción que daba envidia empezó su “explicación”; Mire Señ… Violeta, hay cuatro pilas de papeles ¿lo ve?” (Algo mareada ya, asentí), “Bien, una es de la letra “C” de cartas, Otra es de la letra “F” de facturas, la del medio  (era enormemente alta no os lo podéis ni imaginar) es de la letra “P” de propaganda y la más pequeña, la de atrás, ésa es de la letra “S” de sobres.
Tuve que apoyarme en la puerta, y darme aire con la mano. En un rápido cálculo mental sumé los días que yo había estado ausente el resultado era espeluznante. Me aferré desesperadamente a una pequeña brizna de esperanza y con mucho cuidado pregunté: “Todo esto… ¿desde cuándo lo tienes aquí?”. Respuesta: “Una semana”. Solté un bufido de alivio que se me quedó a la mitad, cuando ella prosiguió…”Pero el resto está aún por ordenar” Bizqueando intenté mirarla pero no podía, cuando me pongo nerviosa bizqueo y claro las imágenes se me escapan. Me dio un ligero golpe en el brazo y se dirigió al armario viejo y roñoso de dos puertas, que era igualito al que había en una de las viejas habitaciones de la casa de la abuela en el pueblo.
La seguí, y ahí nos tenéis a las dos, plantadas delante de un armario silente (aunque a mí me pareció oír algún que otro crujido, tenue, pero crujido). Sin perder para nada la sonrisa… me hizo gestos con la mano para que juntara mi cabeza a la de ella. Anonadada lo hice y abrió sólo un poco la puerta.
Madre del amor no hermoso no, generoso, porque hay que ser muy pero que muy generoso para  no matarla allí mismo. El armario estaba a rebosar de papeles.
Algo más fuerte que yo me impulsó a abrir de golpe la puerta del armario. Nunca tal hiciera!!!!! Sólo el cartero y la oficina postal cercana sabían lo que allí había. Bueno y las casas de Mensajería urgente. Empezaron a caer, a caer, a caer, y aquello era como una fiesta, un sin parar, cada vez más y más.
Enloquecí y a gritos destemplados, le pregunté: “Pero alma de cántaro lo que hay encima de la mesa…¿De qué semana es? La respuesta me heló el corazón: “De la última, iba abriendo poco a poco la puerta, sacaba unos cuántos y los ordenaba”.
Tuvieran que separarme a la fuerza de ella, la agarré por el cuello mientras intentaba pedirle explicaciones pero parece ser que la cosa sonaba así:“Pertquethspdoquestooooooooooooooooagssssssfrrrrrrggggrrrññññsssssss”.
Cuatro hombres fueron necesarios para salvarla de mi santa y justa ira. Mientras yo continuaba vociferando, el HombrecitoGranJefe tuvo la brillante idea de decir: “Mire Nica, me veo obligado a despedirla, lo que usted a hecho no tiene nombre”.
Me giré hacia él y hacia los otros tres y encarándome en plan chulo les espeté: ¿Pero es qué no os dabais cuenta de qué nadie os pasaba correspondencia ni nada de nada?
Contritos bajaron la cabeza. ¡Claro lo bien que habían vivido, sin dar palo al agua durante…mejor ni pensarlo!.
Desde ese día hasta hoy, cada mañana desde que entramos hasta la hora de salida por la tarde (al mediodía nos zampamos un bocadillo) estamos el HombrecitoGranJefe, una chica de contabilidad y dos de los “grandes trabajadores” intentando poner algo de orden en el caos producido por la Arsenia, Nica para los amigos.
Esta misma tarde uno de ellos ha tenido la osadía de preguntar si el jueves por la tarde trabajaríamos o ya al mediodía nos íbamos de Semana Santa.
Un frasco de Agua del Carmen (para mí) algunas tiritas y un frasco de alcohol para él, creo que le han dejado muy claro lo que pasará esta Semana Santa. (Por cierto, no sabía yo que el Agua del Carmen te dejaba en un estado así.. de agustón!!!!!) o sea que ya os iré informando en la media de lo posible.
“¡Eh, vosotros, traedme otro frasco de Agua del Carmen, que noto como un vahído…jijijiji!”

sábado, 31 de marzo de 2012

PEDIROS PERDÓN ES POCO…PERO LO HAGO; PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN…!!!!!


PEDIROS PERDÓN ES POCO…PERO LO HAGO; PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN…!!!!!
Todo cuánto me podáis decir ya lo sé, o sea que una impresentable. Pero vamos a no cargarlo todo sobre el mismo burro ¿eh? que vosotros tampoco me habéis dicho nada a mí.
Pues sí, sí… el lunes de mi retorno fue un día marcado con estrellitas en la empresa (y ya no digamos en mi vida) Tranquis… ahora voy! Coñe! Con las prisas!!!!!!!!!
De entrada, cuando me vi en el espejo, antes de salir de casa, maquillada, vestida y con los pelos de punta (pero muy bien puestos, muy graciosos) casi me da un pasmo. No me reconocía ni yo. Tendrías que haber visto la sonrisa de mi madre. No le cabía en la cara.
El régimen drástico, pero efectivo, me había convertido en una estilosa silueta alargada, tanto así que el segurata del trabajo no me quería dejar entrar. La verdad es que la foto que sale en mi acreditación, poco o nada tiene que ver con mi actual “look”. Hasta que no rompí en estruendosas carcajadas no se convenció de que “yo” era “yo”.
Pisando firme entré en las oficinas como si fuera la mismísima dueña, pero me traicionó la fuerza de la costumbre y sin pensarlo fui directa al pequeño cubículo en el que durante seis años había desempeñado mis funciones como la “secre” de la “Secre de Dirección”.
El altercado con el segurata  me había hecho perder unos minutos y al llegar a “mi despacho”, me encontré sentada detrás de la mesa a una persona de un rubio dudoso, ojos inmensos de color marrón vulgarcillo, con la piel más blanca que un helado de nata y una cara de susto tan, pero que tan grande, que me tuve que morder (poco tampoco era cuestión de hacerme daño) la lengua para no echarme a reír.
Efectivamente no era la despampanante rubia que yo había creído ver aquel ya lejano día tras el fallecimiento de…, bueno, ya todos sabéis quién, me resulta doloroso nombrarla.
Metida en mi nuevo papel, le sonreí amistosamente, le lancé un alegre “Buenos días” y girando sobre mis talones me encaminé hacia la puerta de Gerencia (en realidad es la de al lado). Debo reconocer que me temblaba algo la mano al girar el pomo, pero cerré los ojos y la abrí de golpe.
También de golpe abrí los ojos, me daba miedo, pero lo superé. Lo que vi me dejó anonadada. Era una estancia pintada de un blanco con toques de gris, clara, diáfana, la persiana también era nueva y de un bonito color crema…y los muebles… madre del amor hermoso LOS MUEBLES!!!!! nuevos, modernos y de un precioso color roble, la lámpara de mesa nueva de diseño, un pedazo de silla giratoria con brazos… bueno... no sé cómo explicarlo era el despacho soñado de cualquier ejecutiva que se precie. Al menos para mí, que era el primero que veía, me lo pareció. El HombrecitoGranJefe, (tengo que dejar de llamarlo así) había cumplido su promesa. Allí no había nada que recordara a su anterior usuaria.
Colgué la chaqueta en el armario empotrado y muy bien disimulado y me llevé el bolso a la mesa para guardarlo en algún cajón. No podía dejarlo en el armario en él llevaba todas “mis quiscosillas” y no estaba dispuesta a desprenderme de golpe de mis viejas costumbres.
Me senté, ¡Por favor! aquella silla no era para trabajar, era para dormir la siesta del siglo. No había acabado de acercarme del todo a la mesa, cuando unos discretos golpes me avisaron de que alguien quería entrar. Carraspeé un poco y me salió un repelente “Adelante”.
Era la nueva, no recordaba el nombre. Se quedó plantada ante la mesa mirándome (muy habladora no es que lo sea no), e hice lo propio. Es decir, la miré. Ante el silencio provocado, al final con voz apagada y temblorosa me dice: “Srta. Violeta Davinia” (¿¿¿¿????)  --era yo, me lo estaba diciendo a mí – “Dígame cómo le gusta el café y se lo traeré, si es que le parece bien” Me lo estaba preguntando… ¿a mí? ¡Ja! No, no me parecía bien, me parecía excelente!!!!!!!!!!!!
Sonriente me levante, alargué la mano y le dije: “Tranquila, que soy de gustos sencillos, con un capuccino con toque de canela y un donut, tengo bastante, pero antes dame la mano y perdona pero no  recuerdo tu nombre”.
Ella toda temblorosa (pobrecilla), me dio la mano y dijo, (agarraos que vienen curvas) “Me llamo Arsenia (aquí sí que me mordí la lengua y no me importó que me doliera, y yo quejándome de mi nombre), pero en casa, los amigos y los compañeros de aquí, me llaman Nica” (otro mordisco, empezaba a dudar de que fuera sano tanto morder). Nica leyó en mis ojos el asombro ante tal diminutivo y se apresuró a aclarármelo.
“Es que de pequeña mi abuela empezó a llamarme Arsenica, y al final se quedó en Nica”. (Toma mordiscazo!!!!) Creo que sonreí, o eso era lo que pretendía y le contesté que ella a mí podía llamarme Violeta, y que apeara el Señorita que no era persona de tales superioridades, si no le dije eso exactamente, por ahí iban los tiros.
Nica fue a buscar el café y observé que andaba como un pato mareado, es decir, se balanceaba de una manera algo rara. No pude continuar observándola porque la puerta que daba directamente al despacho del jefe se abrió  apareciendo éste muy sonriente y tendiéndome la mano, que naturalmente apreté, añadió:
“Mire Violeta, si a usted le parece bien, tómese el día de hoy para irse poniendo al día y mañana por la mañana a primera hora nos reuniremos y empezaremos a trabajar en serio”, justo cuando iba a contestarle, (encantada de la vida), que sí,  un ruido como de tren descarrilando, mucho alboroto y algún que otro grito nos hizo salir a los dos disparados del despacho.
Luego me supo mal, pero en aquel momento no pude evitarlo, me eché a reír a cajas destempladas. Allí en el suelo, rodeada de vaso, sobres mojados de tres tipos de azúcares diferentes, un charco de indefinido color y un donut que deambulaba sobre el líquido, estaba sentada Nica.
Sus ojos estaban llenos de un líquido que yo conocía muy bien, y su gesto de impotencia era tal que me recordó tanto a mí que… la que se echó a llorar fui yo…
Todos se desvivieron por consolarme, sin tener ni idea de por qué debían hacerlo, olvidando a la pobre Nica allí sola, mojada y humillada…
Así empezó mi primera mañana de regreso a la oficina, ahora no puedo seguir, pero mañana más…Prometido!!!!!

miércoles, 14 de marzo de 2012

TRANQUIS... ES QUE NO HE PODIDO...!!!!!!


Bueno, deciros que el despertar al día siguiente, con los ojos como pelotas de tenis de tanto llorar y toda “mi melenaza” metida en un ridículo gorro de ganchillo de color rosa, con una borla  encima (era de los que llevaba de pequeña), no ayudó para nada a mi auto-estima, es decir poco.
Cuando me miré al espejo me lleve tal susto que a la abuela aún le tiemblan las piernas hoy del rugido (sí, sí, rugido) emitido por mi garganta y mi hermana (el parao), no se acerca a mí más de cinco metros y siempre y cuando haya alguien presente.
Sus caras, lívidas, sus ojos desorbitadamente abiertos, sus incongruentes balbuceos, intentando preguntar, mirado ahora desde la perspectiva del tiempo, eran para reírse y no parar en un mes,
Total que a las 10 de la mañana del día 8 de marzo “Día de la Mujer Trabajadora” para mayor información en la casa en que habito estaban tres temblequeantes seres a los que no les llegaba la ropa a la piel. El estado era de catatónico profundo para los tres infelices que se agruparon como para protegerse al sentir el ruido de una llave en la cerradura de la puerta de entrada.
Afortunadamente era mi madre, no sé de donde saca esta mujer la inventiva para escabullirse del trabajo y acudir en mi socorro, porque a eso venía a buscarme para llevarme a la peluquería. Se ve que lo de que fuera mi hermano el “valiente acompañante” al final le dio apuro por el pobre, que en cuanto la vio lo primero que le dijo, que a él le habían dicho que tenía el nuevo look pagado y no existía nada en este mundo que contradijera aquello.
Llevarme hasta la peluquería dicen que fue algo impresionante. Gente hubo que preguntó que si estaban rodando una película. Para mí que exageran, pero… la verdá yo gritaba, pegaba puñetazos y patadas de tal modo que no recuerdo nada del recorrido.
La peluquera (que luego me enteré que ya estaba avisada) me miró sin decir ni pío. Me hizo sentar en “la silla eléctrica” ejecutora de mi melena, y FLASCA! de un manotazo me quitó el gorro. La visión que se proyectó en el espejo os la voy a ahorrar `porque era realmente espeluznante. Entre el chicle, el enmarañamiento en que había convertido mi pelo la abuela y mi cara de “ningunos amigos” imponía, la verdad.
La tal especialista empezó a negar con el cabezón. Lógicamente mi cuerpo empezó a reaccionar poniéndose rígido, tanto que cuando quise darme cuenta ya no estaba sentada, sino en una extraña posición, con los talones apretados contra el suelo-pared y la nuca contra la silla.
Por arte de magia se llenó la peluquería de “matones de barrio”, (o es me parecieron a mí) que me forzaron, hasta dejarme debidamente sentada y con el enorme barbero corta- pelos puesto.
Llegados a este punto, apreté cuanto pude los puños y cerré firmemente los ojos y allí me quedé oyendo…chas, chas, chas… durante un tiempo eterno.
Me había quedado completamente dormida cuando oí: “Bien… pues esto ya está, anda no seas boba y mírate”.
Abrí los ojos con mucho cuidado y miré, pero no vi, ¿Qué quería que mirara? Si no había nada. Sólo la parte superior de un bolo saliendo de mi cuello y además de un sospechoso color liláceo.
Abrí la boca, pero mi madre me la cerró de un casi guantazo, y fue ella la que habló: “Ahora te ves rara, pero entre el cambio de look, el peso que habrás perdido para el lunes que viene y el montón de ropa nueva vas a estar que ni te lo vas a creer”.
La miré mal, muy mal, pero ella ni caso. Me hizo levantar y me devolvió al galope a casa.
La pobre abuela se quedó con el intento de decir que estaba guapa, porque nada más entrar el olor a albóndigas con tomate me volvió medio loca lanzándome a la cocina como poseída. Pero …¡Qué si quieres arroz Catalina!.  La voz de ¡mi mami, me frenó en seco: “Quieta, ¿dónde vas?, tú ensalada, una pera y pan integral, porque el lunes, cabes en la ropa nueva como yo me llamo Eudosia.
Fueron unos días muy tristes. Deambulaba por la casa, sin muleta ya, arrastrando la venda que se iba deshaciendo, como si fuera una cola de gato, sin que nadie me hiciera gran caso. Fueron días horribles para mí, pero lo peor estaba por llegar.
El domingo, a las 6 de la “madrugada”, Eudosia, mi madre entró hecha un basilisco en mi habitación, debajo del brazo traía la báscula de peso del baño, gritando: “Arriba que hoy tenemos lío”
No sé si fue el susto, la incomprensión o su tno de voz, pero obedecí sin chistar.
Me hizo subir a la báscula, yo no miré, ella sí. Sonrió y abrió de par en par el armario, se sentó en mi cama y sólo dijo; “Empieza a probarte ropa y a conjuntarla”.
Jamás me vi en otra igual, horas pasamos allí las dos, sólo os diré que la abuela nos trajo unos bocadillos de bimbo, como comida. Sólo sé que a una hora oscura del día dijo: “Bien, mañana, te pones esto” y dejó bien puesto en la silla un conjunto completo (ropa interior incluida) cosa que la verdad me dio corte y creí del todo innecesaria.
Lunes 12 de marzo, eso lo dejo para otro día, sólo os diré que la cosa fue…. (mmmmmmmmmmm……….)

miércoles, 7 de marzo de 2012

JAMAS VOLVERE A MASCAR CHICLE !!!!!!!!!!!!!!!

Bufffff...!!!! Perdonadme chicos, pero es que hasta hoy, desde el día de los filetes voladores, no he tenido ni un sólo momento para deciros hola.
Imagino que muchos pensaréis que mi ausencia la ha motivado mi nuevo puesto de trabajo (por si alguno aún no se ha enterado soy la Secretaria de Dirección de la empresa en la que llevo 4 años trabajando) . He sido ascendida recientemente, por motivos que ya muchos sabéis y los que no tenéis ni idea, pues casi mejor que ni os lo explique. Si tenéis mucha curiosidad pues... leeros todo el blog hasta que lo encontréis. Cotillas!
Bien, pues en parte sí y en parte, no. Voy a intentar  ir poco a poco y ver cómo os lo explico sin  que ninguno perdamos el hilo.
Después de la famosa y ya excesivamente comentada comida a la que me refería al principio, en contra de lo que todos, mi familia claro, pensamos, la tarde fue como una balsa de aceite. La verdad es que fue francamente aburrida, al menos los veinte minutos de ella que yo recuerdo.
Los que podían andar  y tenían un buen motivo se largaron a la primera oportunidad y los que no, o sea una servidora, más los otros dos miembros femeninos se quedaron. No es que las que se quedaron conmigo no pudieran andar, que saber sabían y poder podían, pero lo hicieron  tan sólo para vigilarme.
Al principio disimulando:  La abuela: "Pues creo que voy a llamar a la Filo y decirle que hoy ---- tampoco ---- voy a salir a paseo con ella, me siento algo entumecida  después "del trompazo" (mirada de reojo hacia mi persona) si me quedo adelantaré la labor de ganchillo" Mi madre: "¡Ay sí! hoy que podía ir a algun sitio, me siento muy cansada, casi mejor me quedo contigo Rufina y contigo cariño (yo).
La mosca hacía ya un buen rato que la tenía detrás de la oreja,  desde que mi padre cuando se fue me dijo al tiempo de darme el "clásico" besito, me susurro: "¡Más te vale que cuando vuelva estén las dos vivas!". Callé por no liarla y porque soy de buen natural, pero me costó, la verdad.
Entre la abuela ganchillando, mi madre haciendo punto de cruz y la tele-novela dando el coñazo, no tardé ni 20 minutos en anunciar que me iba a echar una siesta. Ni os cuento la cara de alegría que se les puso a las dos, Para fotografiarlas, guardarlo, y sacar la foto en un momento adecuado para el chantaje. Tan dignamente como mi altura, natural torpeza e incordio de la muleta me permitieron salí del salón y me fui a mi habitación.
Nada más entrar en ella ya me arrepentí. Madre del amor hermoso, cómo se notaba que habían pasado por ella las manos de las dos mujeres mayores de la casa. Relucía. Brillaba tanto que bajé la persiana un poco. Miré en busca de algo que me permitiera protestar y lo que encontré fue un paquete de chicles de esos nuevos tan requetebuenos. Total me metí tres de golpe en la boca, puse música y puestos a aburrrirse, mejor hacerlo descansada, me tumbé en la cama.
No sé que hora sería, pero no se veía un pijo, cuando desperté asustada.  Mi sobresalto era porque soñaba, o eso creía yo, que me estaban ahogando con un hilo de seda, como en la tele, cual no sería mi asombro cuando una vez despierta seguía notando que ne asfixiaba. No es difícil  imaginar la que organicé.  Golpes contra la pared, chillidos (que para mí eran ahogados) pero para el resto de la familia no. Total los cinco miembros que tan a gusto estaban en el salón corriendo otra vez como el Séptimo de Caballería por el pasillo. (Suerte que la Filo, la amiga de la abuela, que vive en el piso de abajo, está teniente del todo de ambos dos oídos, porque sino seguro que ya nos habría denunciado).
Encabezaba la comitiva mi padre, que mucho fanfarronear de que es un duro, pero a la que me pasa algo, el pobre se desvive, o se asusta, no losé de cierto, pero correr,  corre. Abrió la luz de mi habitación con lo que además de ahogada quedé ciega. Corrió hacia mí, me incorporó, y noté como un estirón en la cara y su voz chillando: "¿Pero qué es esta asquerosidad?".
Para mis adentros pensé, hablar podía, pero como aún no sabía de qué iba la historia preferí aguardar acontecimientos, pues vaya una casi se muere y su padre la llama asquerosa, y luego hablan de amor familiar,
El chillido de mi madre me alarmó de verdad. Fue como el grito de guerra de los apaches: "Hiiiiijjjjjjaaaaaaaaaaaaa". Fijaros si me asusté que pensé que igual me había muerto y todo y mi padre con la natural sorpresa  había dicho lo primero que le pasó por el caletre.
Me di cuenta de que estaba viva, cuando las manos de la india, empezaron a pegarme unos tirones en el pelo como si quisiera arrancármelos de golpe, o descabezarme, nosé de cierto cuál era su intención.
Me defendí, naturalmente, no ocurriéndoseme nada mejor que hacerlo a patadas, con lo que ni os cuento lo que protestó mi pie. La abuela, como siempre, fue la que consiguió mediar y, lo que realmente tiene mérito, salir indemne en el embrollo.
Resulta que me dormí con los tres chicles en la boca, (me da vergüenza pero he de decirlo), cuando duermo, abro la boca y babeo.
No sé si ya os había dicho que de toda mi anatomía, lo más hermoso, lo que todo el mundo mira primero e incluso llama la atención, es mi pelo. Tengo una melena que es mi cruz y mi gloria. Cruz por el trabajo que me da mantenerla impecable y gloria por lo vistosa qué es. Bueno pues ya no lo es, es decir, ya no la tengo, vaya que me la han cortado. El chicle se enredó en ella de tal manera, que por más aceite de oliva, jabón, y hielo que me pusieron, el  chicle no salía de entre ella ni queriendo.
Por unanimidad familiar, salvo mi voto en contra, se decidió que al día siguiente, debidamente vigilada, mi hermano el que no trabaja se ofreció voluntario, el cara girada ése, si le pagaban la peluquería a él también, que sería llevada a...a "ese lugar" y mi cabellera dejaría de serlo, dejando a mi persona sin su más bello atributo.
Lloré, chillé y me miré al espejo. Lo siento no puedo explicaros lo que vi. Fue tan doloroso que me fui a la cama sin cenar, no  hacen falta más explicaciones, el que me perdiera una comida conmocionó a toda la familia.
 Eso sí, la abuela, sólo ella y sus manos saben como lo hicieron, consiguió meter todo mi pelo en un gorro de ganchillo. Me dormí llorando... y... mañana... os cuento el resto.